Celebrando 10 años del Colegio europeo de Ibagué.

El Mohan

 

EL MOHAN

Esto es el más importante entre los mitos del Tolima Grande.

En algunas regiones le dicen Poira.
Para algunos es una divinidad acuática; para otros es un espíritu maléfico que causa muchos daños imperdonables.
Dicen que es un personaje monstruoso, cubierto de pelaje abundante, que más parece que estuviera envuelto en una luenga cabellera.
Tiene manos grandes, con uñas largas y afiladas como las de una fiera.
La diversidad de leyendas que se encuentran sobre las hazañas o artificios como actúa, constituyen una riqueza folclórica para esta tierra tolimense.
Los pescadores lo califican de travieso, andariego, aventurero, brujo y libertino. Se quejan de hacerles zozobrar sus embarcaciones, de raptarles los mejores bogas, de robarles las carnadas y los anzuelos; dicen que les enreda las redes dé pescar, les ahuyenta los peces, castiga a los hombres que no oyen misa y trabajan en día de precepto, llevándoselos a las insondables cavernas que posee en el fondo de los grandes ríos.


Las lavanderas le dicen monstruo, enamorado, perseguidor de muchachas, músico, hipnotizador, embaucador y feroz. Cuentan y no acaban las hazañas más irreales y fabulosas.


Sobre su aspecto físico, varían las opiniones según el lugar donde habita. En la región del sur del Magdalena, comprendida entre los ríos Patá y Saldaña, con quebradas , moyas y lagunas de Natagaima, Prado y Coyaima, hasta la confluencia de Hilarco, como limite con Purificación, los ribereños le tienen un pánico atroz porque se les presenta como una fiera negra, de ojos centelleantes, traicionero y receloso. Siempre que lo velan, su fantasmal aparición era indicio de males mayores como inundaciones, terremotos, pestes, etc.

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Poseía un palacio subterráneo, tapizado todo de oro, donde acumulaba muchas piedras preciosas y abundantes tesoros; hacia las veces de centinela, por eso no le quedaba tiempo para enamorar.
En la región central del Magdalena, desde Hilarco, en Purificación, hasta Guataquicito en Coello, los episodios eran diferentes. Allí se les presentaba como un hombre gigantesco, de ojos vivaces tendiendo a rojizos, boca grande, de donde asomaban unos dientes de oro desiguales; cabellera abundante de color candela y barba larga del mismo color. Con las muchachas era enamoradizo, juguetón, bastante sociable, muy obsequioso y serenatero. Perseguía mucho a las lavanderas de aquellos puertos, como en la Jabonera, La Rumbosa,

El Cachimbo, El Naranjo, Chiriló, La Calmanera, Pital, Barrialosa, etc., a la manera de un hombre rico, con muchos anillos, que al enamorarse de la muchacha más linda de la ribera, la llevaba a la cueva subterránea donde tenía otras muleros con quienes jugaba y sacaba a la playa en noches de luna. Muchos pescadores aseguran que han oído sus risotadas y griterías.
Bogas, pescadores y lavanderas lo vieron Infinidad de veces en la playa pescando, cocinando, peinándose; o bajar en una balsa, bien parado, por "la madre del río" tocando guitarra o flauta.

Veamos lo que la gran compositora ibaguereña, Leonor Buenaventura de Valencia nos dice en su inspirado bambuco titulado "Leyenda de mi Tierra": (hablado)


Cuando muere la tarde, una linda calentana lava su ropa en el río; de pronto, surge del remanso un hombre hermoso, de ojos refulgentes y largos cabellos. Es el Mohán, dios de las aguas, que fascinado con la belleza dela lavadora, le declara su amor, pero... ella desdeñosa se burla de la extraña figura del hombre salvaje. Desde entonces, en las noches de luna, se oye una cadencia dulce y dolorida: es la flauta del Mohán que llama a su amada...

Allá en Purificación, a orillas del Magdalena, han visto al Mohán con su quena cantando penas do amor. (bis)

Dicen que es un hombre hermoso de tez brillante y morena, ojos negros que refulgen y una larga cabellera.

Cuenta llorando en su flauta que una linda calentana
divina como una diosa, vio lavando una mañana.

Y desde entonces no vive
porque al decirle su amor
ella se río desdeñosa
y le robó el corazón.
Y cuando la luna sale
con su luz pálida y clara, es oye la quena del Mohán
llamando la calentana mmm, mmm, mm, m.

Entre Guataquicito y Honda las versiones son distintas: allí era muy sociable. Se presentaba a veces como un hombre pequeño, musculoso y de ojos vivaces; entablaba charla con los bogas, salía al mercado a hacer compras, solía parrandear con los mercaderes, pero luego desaparecía sin dejar huella. En Guamo, Méndez, Chimbimbe, Mojabobos, Bocas de Río Recio, Caracolí y Arrancapiumas lo vieron arreglando una atarraya, fumando tabaco, cantando y tocando tiple. En noches de tempestad lo han visto pescan do y riendo a carcajadas.

Algunos ribereños aseguran que existe la Mohana, pero no como consorte del Mohán, sino como personaje independiente. Comentan que ésta no es feroz, ni les hace travesura en los ríos; lo único que le atribuyen es que se rapta a los hombres hermosos para llevarlos a vivir con ella a una cueva tenebrosa.

Para ampliar y dilucidar mejor los comentarios sobre este fabuloso personaje, relataré las entrevistas que hice a varios personajes.

ANECDOTAS CELEBRES SOBRE EL MOHAN

En Papagalá, vereda de Purificación, había un viejito pobre, llamado Policarpo. No tenía parientes, y moraba por épocas en casa de campesinos acomodados, que le daban no sólo albergue, sino trabajo y afecto. Sabía muchas historietas y crónicas aprendidas desde niño, debido a su vida nómada por el Tolima y el Huila.


Sobre la barbacoa del frente de la casa, donde se reúnen sus dueños, en noches estrelladas, con los peones, vaqueros, leñadores y vecinos, conocí este simpático aventurero. Lo invité a mi escuelita para entablar allá el siguiente diálogo:


- Dígame don Polo, ¿usted conoce el Mohán?
- .....Desde guámbito, señorita. ¡Me hizo pasar unos sustos...! ....
- En qué río, don Polo...?
- .......En el río Grande, cuando vivíamos en Villavíeja. ......
- ¿Luego usted no es papagaleño?
- Yo soy del Tolima Grande y me lo conozco de punta a punta. .....
- ¿Y cómo vino a dar por aquí?
- De recorrido que es uno. Pues verá: mi taita era de Campoalegre y mi madre espinaluna. Casi toda la vida la pasamos de tumbo en tumbo para conseguir la yuca.
- Entonces usted debe saber mucho de música, de leyendas y de danzas, porque tanto en Campoalegre como en el Espinal se celebran las tradicionales fiestas de San Juan y San Pedro, se cantan coplas y se exhiben distintas danzas.
- Por ese aspecto si sé bastante. Cuando quiera le recito unas ensaladillas de coplas y le canto unos rajaleñas.
- ..Claro que si, don Policarpo, pero por ahora quiero que me narre algunas anécdotas sobre el Mohán.
- ¡Jesús credo, señorita...! Mire que le dan pesadillas si sueña con el "mechudo'.
- Por eso despreocúpese, que he oído decir que es muy sociable.
- .......No sólo es sociable, sino que se chancea ferozmente, con los pescadores y bogas.
- ..Será que es un niño juguetón...
- No señorita, es que él castiga a los pescadores que no hacen bendecir las atarrayas y a los que se van a pescar los domingos y fiestas dé precepto.
- ....¿Y cómo sabe él todo esto?
- Porque el muy confiscado es amo y señor de las aguas, por eso lo adivina todo.
- ......¿Por qué dice que lo adivina todo?
- Por lo que le sucedió a mi cuñado Toribio que era tan mujeriego... ..¿Cómo fue eso, don Polo?
- En épocas de subienda, Toribio salía como a las seis de la tarde, con su atarraya al hombro, por la orilla del río Magdalena, pero como siempre, le echaba una atisbadita a la Carmela, que era la novia. Para que no lo vieran se fue por el matojo y, allí tuvo como dos horas dando vueltas sin encontrar la salida al río, todo despistado. Cuando cayó en la cuenta que eran chanzas del "mechudo", se santiguó y pudo salir de allí. Al llegar a la orilla, estaba el maldito sobre una empalizada fumándose un chicote y carcajeándose de lo lindo. Al verlo mi cuñado, para que lo dejara libre le tiró un paquete de "cluecas", y al momento desapareció. Al instante llegaron otros compañeros de pesca como eran "el tuerto Chepe", "el renco Atanasio" y mi sobrino Benito. Escogieron la canoa del finado Rafa, que era la más grande, y enrumbaron hacia la moya del Payandé. La noche se pintaba fresca, sin luna, pero con millares de luceros titilantes. Esa noche ninguno erraba tiro, la subienda era asombrosa. La barqueta se llenó y cuando regresaban a la playa a vaciar la pilonada, la fiera, con esas uñazas tan afiladas que tiene, le echó mano al pobre Chepe, así que hoy es tuerto y manco. ¿Cómo le parecen las palatinas del "niño juguetón" como usted dice...?
- ¡Pobre Chepe...! ¿Y... así si guió pescando?
- ¡Jmmm...! ¡Esos condenados son unas fieras para el agua!
- Pero usted no me ha dicho si conoce al Mohán en persona...
- ¡Lo conocí desde que tenía 7 años! Vivíamos en Villavieja y mi papá se comprometía a llevar víveres desde Neiva a Girardot. Lo acompañaban unos bogas macanudos y conocedores no sólo del agua sino del tiempo. Por eso es que yo me conozco todos los rápidos, saltos, remansos, moyas y remolinos de Río Grande y varios otros de menor caudal. Pero lo que pasó en Peñalisa, sí fue por culpa del Mohán.
- ...¿Y qué les sucedió?
- Mi madre tenía que llevar a Girardot plátanos, cachacos, arroz, maíz y mucha fruta. Cuando llegamos a la confluencia del Cabrera, estaba el río aguatudo y el Prado bajaba como chicha. El Saldaña y los de la vertiente occidental estaban tranquilos y claritos. Los riachuelos de la oriental bajaban furiosos, como el Tigre, el Consuelo y Batatas. "El rucio" Leovigildo si les dijo a los demás que íbamos a tener mal tiempo. Cuando las sombras de la noche eran muy negras, "el cabezón Cipriano" empezó a echar cuentos del mechudo y como yo era tan miedoso por lo guámbito, me acurruqué debajo del caramanchel de la balsa, pero el vendaval era tan fuerte que lo arrancó de un golpe; los bancos de agua y las palizadas eran tan fuertes. quo empujaban la vastagosa que parecía des-baratarla; en esas vimos la fiera sobre una palizada, frente a Peñalisa, muy tranquilo tocando tiple; en el mismo instante la balsa dio un tumbo, todos nos fuimos al agua y el malvado riéndose de la celada que nos tendió. Yo no volví a saber nada hasta el día siguiente en Girardot, tendido sobre una "cuja" y oyendo los comentarios por la pérdida que tuvimos y las jugarretas del fantasma.
- Y .. usted ¿como lo pudo ver en la oscuridad y con tanto miedo?
- .......Porque esa fiera echa candela por los ojos y las risotadas eran diabólicas.
- Pero, en sus narracíones he notado que usted tiene lenguaje castizo.
- ......Fue por haber cursado la primaria y un año de medía superior.
- ¡Ah! Entendido. -Y no volvió usted a acompañar a su papá en los viajes?
- En las vacaciones sí, pero por eso abandoné los estudios, porque me agradaba más pescar, amansar potros, pasear el Llano Grande llevando ganado de una a otra hacienda, dando serenatas, herrando y curando bestias, es decir, todas las faenas del campo.
- Pues... por una parte, muy bueno; pero lástima que no hubiera terminado sus estudios.
- Después, -me dijo- nos fuimos a vivir a La Palmita y ya contaba yo con seis hermanitos. Eso era en la época del champán, señorita.., a veces se sufría, pero también se gozaba. Una vez íbamos hasta Flandes a llevar unos encargos a mi padrino. Compramos mucha fruta, pero teníamos que llegar a Purificación por unas guaduas y unos bultos de leña. Los bogas que nos acompañaban eran muy charlatanes y enamorados. El champán lo dejamos deslizar hacia la margen izquierda, muy cerca a la orilla. Llegando a La Calmanera al tembleco dei Ananías se le ocurrió darse un baño con jabón de olor, con tal de llegar perfumado al puerto. Un poco arrimado al champán, el tembleco se puso a hacer aprobaciones en el agua y a zambullir largamente. El agua en el remanso era como un espejo cristalino. De pronto oímos una carcajada fantástica y Ananías no volvió a salir. Cinco bogas se tiraron al agua, creyendo que le hubiese dado una picada al corazón, pero, ni señas ni rastros. No nos quedó la menor duda de que el "mechudo" se lo arrastró para la cueva que tenía en La Caimanera.
- ......~,Y, ese fue su ultimo viaje por el Magdalena?
- No señora. Después nos trasladamos a Chiriló, cuando ya era yo un mozo "de pelo en pecho". Allí yo conversaba mucho con las lavanderas, entre las cuales había una muy linda llamada Chiquinca, a quien el Mohán perseguía constantemente, le hacia picardías, le daba serenatas con la flauta y, aseguran las compañeras, que repetidas veces llegaba dentro del agua, le quitaba la totuma de lavar y el jabón, pero apenas velan el brazo negro y peludo. Como el rancho de la joven quedaba cerca al puerto, cualquier día desapareció la muchacha sin dejar la menor seña. Las compañeras y los familiares la llamaban a gritos por la orilla del río, hacían alharaca, rezaban, ofrecían misas, insultaban al Mohán, pero nadie daba razón de ella. Paso el tiempo y tanto los padres como los amigos sé habían conformado con la ausencia de la chica, cuando a los dos años llegó corriendo a la casa como asustada, rogándole a los papás que se trasladaran de un todo para una región bien distante del río, cosa que el endriago no la volviera a encontrar. De la mano llevaba un ninito negro y peludo de un año larguito y los padres le preguntaron qué significaba ese niño y ella dijo que era su hijo, que lo habla tenido en la cueva, pero que ella no quería vivir más con ese mechudo. Los pobres viejos no sabían si llorar o reír. Chiquinca les contó que ella vivía despistada del camino, sin saber por donde salir al puerto, pero que le rezaba todos los días a la Virgen del Carmen que le diera licencia de volver a casa y se puso vigilante apenas salía el mechudo a hacer mercado, por eso pudo escapar ese día, viniéndose detrás de él y, que por suerte, la salida estaba cerca al puerto real.
- ¡Me ha dejado usted asombrada con sus narraciones!
- Yo se lo advertí, señorita, esa fiera es muy mala.
- Bueno, es verdad. yo creí que fuera travieso y enamoradizo, músico y hasta trasnochador, pero malo no. Antes de que se me olvide, don Polo, ¿usted sabe algunas coplas sobre el Mohán?
- Si, señorita,.., ya me acuerdo de dos:

En la moya Talamina
se llevó una niña el Muan;
¿por qué no sos muana niña, para dejarme atrapar?

Morena que vas al río
en a mañana o San Juan, al mirarte tan bonita
me dan ganas de ser Muan.


- ¡Muy bonitas, don Polo! Y muchas gracias por hoy . ¿Cuándo vuelve para que me cuente sobre la Candileja?
- Cuando usted guste, señorita.

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EL POIRA DEL RIO COELLO

En Ibagué y sitios aledaños, al Mohán se le dice Poira, y son muchísimas las leyendas que se han tejido acerca de esto personaje.
Gualanday es un sitio turístico, muy frecuentado por familias de diferentes partes del país, debido a la acción benéfica de las aguas
de la quebrada que lleva su nombre. El río Coello baila aquella vasta región y recibe el tributo de sus aguas medicinales.
Cuenta don Víctor A. Bodoya que don Valerlo Herrera, vecino de la mina de Payandé, molesto hasta la saciedad por las continuas trapisondas del Poira en las moyas aledaña al río Coello, resolvió un buen día capturarlo y se fue a donde su patrón a pedirle ayuda y acabar de una vez por todas con esa fiera que tenía tan .espantadas a las gentes, motivo para que hubiese disminuido la afluencia de personas al baño saludable.
Don Domingo Triana, su patrón, entre sonriente y decidido le entregó un cable de acero y un freno, advirtiéndole que antes de regresar a Gualanday, fuera donde el Cura para

que se confesara, comulgara e hiciera bendecir los elementos para que triunfar. en empresa tan peligrosa. Así lo hizo Valerio, con tanta fe en Dios y con un ánimo a toda prueba, que llegó resuelto y alegre al charco.
Amarró el cable del tronco de un árbol, se chingó, se lanzó con el freno, zabulló muy hondo, chapaleó fuertemente y en cuestión de minutos estuvo frente al enemigo; se santiguó incontables veces, le lanzó el freno y le dio vueltas con el cable en tremenda lucha los dos:
uno evitaba la captura y el otro con el furor y a la vez con el deseo del triunfo. Ya en la playa, lo dominó totalmente hasta lograr amarrarlo a la cabeza de la silla de montar, luego se dirigió al trote hacia el Espinal, llevando con mucha fatiga pero con gran orgullo y valentía la frente victoriosa de quien gana una batalla.

La cantidad de curiosos que salían por los Cuatro puntos cardinales no sabían si mirar al héroe o al monstruo; las miradas de sorpresa y espanto de todos los espectadores, eran notables.

Las autoridades municipales mandaron a construir una jaula de hierro para poder dominar al salvaje y así enviarlo al Museo Nacional.
A Valerio lo gratificaron por su proeza dándole la suma de un mil pesos, que en aquel tiempo constituía un capital.

OTRAS ANECDOTAS

 

Con el anterior relato quedé convencida de la desaparición del Poira o Mohán, en nuestro ríos, pero una entrevista con don José María Chacón, amante de la música vernácula, tradicionalista, divulgador de cuadros costumbristas, me hizo pensar diferente.
Cuenta que en Ambalema, frente a la desembocadura del río Recio, veían frecuentemente al Mohán bañándoee, peinándose, tocando quena y persiguiendo lavanderas. Agrega, que hace muchos años, frente a Colombaima habia un peñonal que era donde más hacia sus apariciones "el negro mechudo". Los pescadores y ribereños maliciaron que la cueva la tenía debajo del peñón, una vez que la cuidaba tanto, y efectivamente, cuando canalizaron el río, desapa-reció el peñón y a los tres días, sobre las palizadas y piedras de la orilla vieron una nube de gallinazos que atrajo la curiosidad de los ambalemunos, quienes acudieron rápidamente a informarse de qué se trataba, hallaron infinidad de esqueletos humanos de diferentes tamaños: unos de estatura normal humana y docenas de pequeñines como si fueran hijos, diseminados sobre las piedras y plantas de la ribera, trozos de piel gruesa, negra y peluda.- Las autoridades municipales se trasladaron al lugar, examinaron los restos y la conclusión fue de que la gran familia del Mohán había sido exterminada por la dinamita.
Aclara el cronista que en esa época no había guerras civiles ni asomos de violencia, porque se gozaba de una paz absoluta y una vida patriarcal.
Pero no termina aquí la vida del "rey de los ríos". Entrevistando en estos días a Mario Martínez, director de la Comparsa Castañeda del Guamo, muy popular en las festividades religiosas, profanas y folclóricas de nuestra tierra caliente, me ilustró con más datos sobre este fantástico personaje.-.....
- Dígame, señor Martínez, ese disfraz que lleva el joven que representa al Mohán, si está de acuerdo con el que vieron en un tiempo aquí en el Magdalena y en el Luisa?
- .......Sí señora, no ve que yo lo conozco...!
- ¡Cómo, que lo conoce!. Usted parece tener unos cincuenta años y el Mohán desapareció hace unos setenta...
- No señora.., ¡el Mohán todavía existe! No ve que él es el Dios de todos estos ríos vecinos. Yo lo he visto cerquita cuando he estado pescando y él se aparece peinándose o fumando un tabacazo.
- ....¿A usted le da miedo cuando lo ve?
- A veces. El ya me conoce y como sabe que yo cargo el escapulario de la Virgen del Carmen, bendecido allá en su santuario y la medalla de San Isidro, por eso no me hace palatinas.
- .....¿Pero hay personas que cuentan que lo capturaron, lo enjaularon y lo llevaron al Museo Nacional?
- .......Eso dicen los que no lo han visto; los que no les ha tocado trasnochar pescando, no sólo en época de subienda, sino en estos días cuando uno no tiene ¡os reales para comprar la carne tan cara. Pregúnteme si sabré yo que me he criado pescando en el Saldaña y el Río Grande... allí en "tres bocas".
- ....¿Cómo, que en "tres bocas"...! Si la confluencia que forma el Saldaña es una soy y avanza con fuerza en el Magdalena...
- ......Eso es así, pero... un trísito más abajo, entra el Luisa y se juntan las tres aguas: la del Magdalena, la del Saldaña y la del Luisa; por eso por aquí lo llamamos "tres bocas"..., o "tres aguas".
- ¡Ah! usted tiene razón. ¿Y... por allá se ha encontrado con el Mohán?
- .......¡Buff! Muchísimas veces. Ese es su sitio preferido. Cuando los tres ríos están escasos de caudal, se levanta un Islote que se forma de arena, troncos, ramas, etc. y, con toda seguridad, ya sea en noches de luna, o en negras noches de tormenta, al Mohín lo ve cualquier persona que vaya por aquellos parajes. Siempre lo ve uno acurrucado haciendo un viudo en la playa, o echando una atarraya grandota que tiene para pescar y así no lo deja a uno coger ni un pescadito.
- .......¿No será para él pescarlos todos.., será más bien que a ustedes siempre les da miedito de verlo tan cerquita... y, temen que se los lleve...?
- .....Pues, hay algo de eso. Pero a mí personalmente, nunca me ha hecho ningún mal en tantos años quelllevo frecuentando estos vericuetos.
- .....¿Sabe señor Martínez, que me provocaría venir con varios amigos y amigas, en estas noches de verano, tan llenas de estrellas, en una lancha, solamente por conocer este personaje tan admirado y tan temido?
- Tendría mucho gusto en acompañarlos, pero... el maldito es tan adivino y confiscado, que seria capaz de no dejarse ver.

Don Fabián Tafur me cuenta, que cuando él era guámbito como de ocho años iba con sus hermanitos menores a traer agua en calabazo a Río Grande, que distaba como unas dos cuadras, de la casa de sus padres, en la fracción de Garrialosa. Una mañanitas, "entre oscuro y claro", alcanzaron a ver todos los tres hermano., sobre un árbol de ciruelo que estaba "cargadito", dos hombres peludos y desnudos, comiendo ciruelas y tirando al suelo donde estaban ocho muchachitos parecidos, recibiendo y comiendo con avidez las pequeñas frutas. Sus dos hermanitos menores empezaron a llorar y a devolverse. negándose a pasar delante de aquella aparición para ellos tan extraña. Mientras Fabián engañaba a los niños, los personajes, tanto del suelo como del árbol, desaparecieron. El, contagiado dei miedo y asustado por la desaparición, fue a buscar a su padre para contarle y decirle que a ese puerto no volvería a coger agua, que formaran otra bajadita más cercana al rancho, porque podrían ser animales feroces. El papá con toda calma le respondió que era la familia del Mohan, pero que no les hacían nada, que fueran que ya ellos estaban escondidos en la cueva que tenía entre el río, bajo el guadual. Que ya de día no salían sino hasta el anochecer. El muchacho se impresionó vivamente y siguió trayendo el agua pero con desconfianza, oteando los árboles de la orilla y entre los bosquecillos aledaños al río.
A los dos años, cuando cursaba segundo de primaria en la escuela veredal, le contó a la profesora quien no creyó los cuentos. Después, en la clase de zoología, vio los monos y trató de clasificarlos como los chimpancés, aunque siempre tenían sus diferencias, además, si hubiera de aquellos animales en la región, los hubiera vuelto a ver sobre los otros árboles más altos, pero habían desaparecido ante su vista totalmente.
Siguió su inquietud y luego en una clase de historia, la maestra les relataba la presencia de las tribus indígenas antes de la llegada de los conquistadores y asociando la idea creyó que aquellos eran indios salvajes. A medida que él crecía y ¡os años pasaban, oía más proezas del Mohán, formándose ya, sin poderlo evitar, admiración por esa deidad acuática.
Fabián seguía impresionado... quería conocer de cerca a! Mohán. pero a la vez le tenía temor... pensaba que sus hermanitos menores correrían peligro con el travieso "rey de las aguas".
Le quedaba todavía una posibilidad de cerciorarse. Se iría donde el anciano Zabulón Portela, afamado amansador que tuvo la hacienda. Fue también, desde temprana edad pescador y luego ordeñador. El sí conocía bien aquellos vericuetos. En aquellas faenas conoció y experimentó infinidad de hechos que ya en la vejez deleitaba a sus vecinos con sus relatos y travesuras en sus años florecientes.
Llegó agitado a consultarte al zorro anciano" quien le contestó con una estruendosa carcajada. Luego lo atrajo contra las rodillas y le fue relatando casos espeluznantes de aquel peludo que tanto tiempo lo tuvo inquieto.
Por BLANCA OLIVA ALVAREZ

OTRA VERSIÓN DEL MUAN

NARRADO POR DON CHUCHO GUZMÁN y SU SEÑORA

SEÑORA, Jamás de los jamases volverí'a pescar los Jueves Santos.
Que como dicen que'! Jueves... ¿o es el Viernes Santo?.. dizque dan... que mi Dios dejó un permiso para ir a echar tres chilazos.

DON CHUCHO: ¡Tres atarrayazos!

S.: Y dizque'llos se fueron a echar tres lances con el chinchorro aquí en la... en el lance del frente'e María T olentina. Y dizque llegaron y se fueron puallá p'arriba, echaron tres lances y no cogieron ni una cola. Antonces dijeron: "Vamos a echar... vamos a pasamos de la línea; vamos a echar el último a ver. ¿Quién quita que en el último consigamos la limosna?" Y dizque'charon el lance y... de pronto venía ¡de buenas a buenas! Ellance'la vuelta' el chinchorro allá... Cuando vieron que se levantó un caballón de agua ¡en toa la vuelta’el chinchorro! Pero una cosa exagerada, como una casa degrande, un caballón de agua así muy salvaje...
Entoes dizque ellos dijeron: "¡Ojo, que ai está el pescao, y atentos que ai está el pescao!" Y de pronto cuando vieron jue que... ¡apareció un toro! Un toro negro en toa la vuelta' el chinchorro, y no le vieron la cara, sino unos cachos así dialtos... Entoes to'el mundo pues se quedó fue asustao inmediatamente de ver que apareció eso. Y el chinchorro se'nredó en ese momento y ¡tan!, se paró así. Ellos, apenas vieron que el chinchorro se quedó, ijeron: "Se quedó el chinchorro". Y el toro volvió y asomó la cabeza y los cachos: ¡unos cachonones grandísimos! Entoes ellos se pusieron fue a rezar, y en ese momento, volvió y aflojó el chinchorro, y empezaron a jalar los de abajo, y los de arriba... lo había ¡lo troza ron por la mitá!: cada uno pescó un pedazo... el chinchorro lo trozaron así, vea.

elmohan

D. Ch.: Ese'ra El Putas; ese sí era El Putas.
SJ. .,je, je, je.
D. Ch.: Ese nuera El Muan, sino El Putas.
S.: Sí, mi cuñado me lo contaba a mí, y me dijo: "Por eso yo se lo aconsejo a usté que le diga "Chucho, jamás de los jamases". Eso es una creyencia... ¡y que es cierta!... que el día, es que ya no recuerdo si es el Jueves o es el Vier...
D. Ch.: ¡El Viernes! Me parece que es el Viernes.
S.: El Viernes Santo... los tres atarrayazos...
D. Ch.: Los tres chilazos.
S.: Que mi Dios da permiso.
D. Ch.: Claro que si uno no coge los tres atarrayazos, pues sigue pescando hasta que...
S.: ¡Hasta que salga el toro!

D. Ch.: ¡Hasta que coja! ¡Ja,ja,ja! ¡Bueno! ¡Ja,ja! Pero fijese usté que una vez, antes de estar yo allí en la finca, taba yo pequeño, estaría por ai de unos doce años, y veníamos pescando con un tío mío, y yo era el que venía pilotiando... ¡Bueno! Y yo ignorante, pues no creía ¿en esa oución, de que podía estar esa oución ahí, con ganas de perturbarlo a uno, ¿no? Yo no creía hasta que sí: ese día yo conocí esa vaina, en una chipa que se llama allí, del río Magdalena, la Chipa de Caicedo, que's un peñón así que arrecuesta el agua ahí, que's una chipa suprema mente brava. ¡Bueno! Pero fuera de eso hay rebosos así, a la sombra de tetas de peñón y tu'esa vaina, que'ran lances seguros, ¿no?, en recoditos así. Uno venía... a ciertas horas de la noche y echaba el chilazo: cogía unos capaces así en esos coditos. Eso lo demás es un'hondura...
¡Eso era en ese tiempo! Porque ya'ce años que el río... en una'casión de que se borró y quedó en vega. Y después volvió el río y se llevó la vega y siguió corriendo por ai mismo. Yo no he vuelto puallá más o menos unos cuatru'años o cincu'años; no sé si estará corriendo por ai mismo; pero en esa época era una chipa muy brava: ai sj'hundían los planes con... la carga que bajaban de Purificación. ¡Con todo el que se dejaba ir puallá! Ya les voy a seguir la historia...


Nosotros veníamos pescando así, a una istancia como de aquí a la tienda'e la esquina, cuando lo vimos... acurrucao en el bordo así, en el peñón; en tu'el bordito, acurrucao: ¡negrazo!... con una cabellera negrita: negro, negro: ¡negro!... con una cabellera bonita. Antonces mi tío Emiliano, que'ra el que tenía la'tarraya: "Mire El Muan". Antonces yo me quedé mirándolo así y le dije yo: "¿Y'ora qui'hacemos?" Me dijo mi tío, bien pasito: "¡Arrimémosle a ver si nos espera!" Y seguimos. Ya a lo que íbamos llegando así cerquitica... ¡brummm! se jondió al agua y se perdió. Era porque ai mantenía en esa chipa, que'so era profundo, hondísimo: ¡era una región de agua inmensa! Ai mantenía El Muan.
Otra vez, estaba el río grandísimo (eso sí ya fue aquí frente a l'hacienda de nosotros).


D. P.: ¡Sí!
D. Ch.: Taba el río grandísimo; un crecientonón inmenso, y veníamos nosotros de allá del otro lao para ellao'e tierra -Arme, allao'e la casa, ¿no?, cuando... ¡Bañándose en una furia diagua que le hacía!
D. P.: No emecía, pero no se veían sino las capas de los... en la mitad del...
D. Ch.: Era en la mitá del río, y bañándose tranquilo y cómo...
D. P.: ¡Y cómo tamboreaba!
D. Ch.: Y salía encima del agua y volvía y se zabullía y...
D. P.: Y nos miraba...
D. Ch.: ¡Él mismo! ¡Negrito, y con esa cabellera enorme!
D. P. Todos lo vimos, porque yo les dije a los muchachos...
D. Ch.: Sí, veníamos varios en la canoa.
D. P. Yo les dije a los muchachos: "¡Mire, mire El Muan!" Entoes todos voltiaron a mirar. ¡Claro, y él nos miraba, porque'stábamos mirándolo!

D. Ch.: Y hasta ai les puedo yo dar ese dato. Pero... Fijense que antes, cuando nosotros estábamos muchachos (estábamos muchachos pero le jalábamos duro a la pesca ya...) y visitábamos mucho por ai la vega del papá de un muchacho de l'hacienda, una noche, como a las siete'e la noche, se nos ocurrió ir a echar la rodada... ai por ese mismo bordo'e la platanera, de para'bajo así. Entoes, abajo había quedado un cachimbo (un palo grande que se había llevado el río), y sobre ese palo fueron rodando matas de plátano de las que usanaba'e la vega, y allá iban quedando en esa palizada. Y ai formó una barbacoa de tu'ese materío'e plátano, una palizada grandísima...

Y esa noche... se nos ocurrió imos cuatro (éramos cuatro muchachos, tres hermanos y un agregado que había allí, un tal Miguel); y ende que nos embarcamos en la canoa, echó a sonar ese bullicio de pescado allí en ese reboso, ¿no? Sobaban pero era en cantidá. ¡Bueno! Yo llevaba la'tarraya lista. Entoes le dije al piloto: "Póngamela... al reboso quiai hay harto pescao". Le dije así: "¿Sí oye cómo brinca?" Eso guachapiaba el pesca o del malo ahí, ¿no? Cuando nos íbamos acercando, como yo era el que llevaba la'tarraya, los otros muchachos iban todos asentados en el plan de la canoa y el otro iba pilotiando, y sí, cuando iba así cerca, como de aquí a esa ranchita... Vi un bultaraje negro, como encima'e la barbacoa de vástagos de matas de plátano: un bultaraje negro; ¡pero alto, así!, un buen bultaraje, como lo más de raro, como con las mechas pa' delante, ¿sí? Cuando íbamos llegando y ya pa'echarle'l tiro... yo que me cuadro pa' jondiar el atarrayazo... cuando se jondea ese bultaraje negro. Eso hacían esos bancales diagua: ¡pffffff! Y esas olononas diagua. Y tenía una cadena ai amontonada onde estaba, pa' encadenar al que s'iba'llevar, mientras íbamos ai, pa' encadena lo y lleváselo, ¿ah? Que dentoes no nos esperó... por este sistema: que hubo uno que tenía un escapulario yeso no dejó (un escapulario bendito cargaba aquí), Entoes ai mismo se tiró; le tocó botarse.
Y ya le digo que eso comenzó esa cadena, a lo que se jondió esa opción, comenzó esa cadena a caer, yeso hacía: ¡tilín, tilín, tilín, tilín, tilintintín!

Así sonaba esta cadenonona de oro...


S.: ¡Ja, ja, ja!
O. Ch.: Sonaba de lo más bonito.
S.: Nosotras también... Una vez yo andaba lavando con una comadre en unas piedras que quedaban para'bajo y... cuando venía eso, desde abajo, ¡por toa la mitá'el río!, y hacía: ¡tilinqui, tilinqui, tilinqui, tilinqui, tilinqui, tilinqui, tilinquilintilín! ¡Pero por el aire!
O. Ch.: ¿Ah, por el aire?
S.: Sí.
O. Ch.: ¡Ah, jueputa!
S.: Y dijo la comadre: "¡Vamonós!"
O. Ch.: Y entoes a nosotros, pues nos pasó lo mismo también. Vimos esa opción que se botó y con esa cadenona que caía al agua, y esos bancales diagua... Entoes nos dio miedo. Yo alcancé a tirar el atarrayazo cuando se tiró esa opción en medio'el pescao; pero no quedó ni uno.
S.: Eso no queda nada.
O. Ch.: No quedó ni uno. Yo saqué la'tarraya y no salió nada. ¡Y tanto que brincaba! Totalmente que'ra la señora Muana; porque como hay Muan hay Muana...
S.: Y El Muan. El Muan es a llevarse a las mujeres, y La Muana, a los hombres.
O.Ch.: Que nos quería, que estaba a sobre coger a uno... a'cernos la pilatuna a asustarlo... Entoes yo le ije al muchacho: "¡Bueno! ¡Párela p'arriba y nos vamos ya para'llá". Entoes paró la barqueta y cogimos por el bordo'e la vega hasta'rriba hasta que llegamos al puerto. Y eso salí yo a'marrar la canoa de una mata'e plátano, y... enseguía brincaron los otros tres muchachos y arrancaron a correr...
SJ.: ¡ Je,Je,Je.
D. Ch.: Cuando yo dejé la canoa asegurada, ya'staban allao'el rancho encarnándose allá allao de la culata del rancho, todos amontonaos, y yo llegué más detrás también asustao. Y nos amontonamos todos allá en ese rincón. Eso nos hacía el corazón: ¡pum, pumpumpum, pumpumpumpum! ¡Je! Temblocito, nos metió... ¡qué chiquita!... ¡Qué chiquito susto esa oución! ¿Ah?
S.: A nosotras también esa vez... pero fue El Muan, que es el que se lleva a las mujeres, y La. Muana, a los hombres; porque El Muan, mujer que le guste, que tenga la cabellera larga... ¡se la coge porque se la coge!
D. Ch.: Se la lleva y no vuelve a'parecer.
S.: Se la lleva.
D. Ch.: Y como él se lleva a la mujer, y la embarca'l agua... Y el agua, por donde va El Muan, se va'partando, y a la mujer no le pasa nada; no se ahoga ni...
S.: ¡Nada!
D. Ch.: Porque el agua se va'partando, y así se va, por donde la lleva...
S.: ¡Un camino! ¡Un camino puel agua!
D. Ch.: Y va con ella, ¡sin pasa le nada!, hasta que la lleva a la cama onde él, a'onde es la casa d’el. y allá la mete y no le pasa nada. -_
S.: Sí, eso tiene sus encantos puallá en lo profundo. Pero a mí me contaba mi papá que, como El Muan se lleva a una persona y lo primero qui'hace es romper el cráneo, ¿sí?, esa persona anda viva pualládebajo del río.
D. Ch.: ¿Y pa' qué le rompe la cabeza?
S.: Pues decía mi papá que para que tengan vida allá en debajo'el agua, en los encantos donde vive...
D. Ch.: Pero es que en donde él tiene la casa, allá no dentra una gota diagua. Eso es como estar aquí, pongamos, ¿no?, una casa bien hecha donde mantiene El Muan. Pero allá no dentra el agua; eso es seco, como estar aquí, ¿jm?
Y El Muan es exacto a ver un hombre; exactamente ver un hombre; y para la mujer, lo que es peligroso es por El Muan...la mujer que... Claro que le digo que El Muan no es que persigue a toda mujer, es la que le gusta, ¡exacto como ser uno también de hombre, uno busca es la mujer que a uno le gusta! Pero la que no le gusta, no. Uno puede pasarle cincuenta mil veces por al pie, y uno no le para bolas porque no le gusta; pero la que le guste a uno, sí uno le para bolas también. Así es El Muan; él es a la mujer que le guste a la que le llega a ver si se la puede agarrar.
S.: Y la... ¡también existe La Muana!
D. Ch.: ¿Cómo?
S.: La Muana...
D. Ch.: ¡Sí! ¿Pus no le acabo'e contar lo de la cadena? Es que... La Muana... es Muan y es Muana. Allá en El Espinal están ambas. En el parque del Espinal está la estatua: ta La Muana lavando, y El Muan sentado así con un chicotazo así; porque al Muan le gusta el tabaco. ¡Sí! Ai ta. Esu'es de lo más bonito. ¿ Usté ha ido al Espinal?
S.: ¡Pues claro!
D. Ch.: ¡Esu'es! Haga'e cuenta'sí es La Muana, exactamente como se ve allá...
S.: ¿No ve que yo los vi varias veces, porque a mí me persiguió mucho?
D. Ch.: Y esa fuma chicote, fuma tabaco, y El Muan también... y él mirándola ahí, porque así, cuando salen afuera, pues La Muana está por ai, como dicen, lavando y tu'esa vaina, y El Muan está cuidándola'hí. ¡Sí! Ai la ta cuidando... y ellos viven juntos.
S.: Pero ¿a pesar de que tiene La Muana se lleva a las muchachas?
D.Ch.:Sí.
S.: Y La Muana es al hombre que le gusta.
D. Ch.: Al hombre que le gusta... como que lo lleva a tu'esa vaina para que lo espere. El Muan la lleva a ver si la puede agarrar; porque la mujer que se quiere llevar se queda mirándolo, pues le llega y I'agarró y se la llevó; se la cargó.
S.: ¿Pues no se arrecuerda de que estuvo por llevarse a Adelina? Estaba yo lavando en el río, en la vega con esta... Con Adelina, que taba pequeñita; y, como yo me la llevaba, estaba así atrás de mí donde yo taba lavando... lejos puallá en el puerto... ¡yendo pa'l hospital! ¿Cómo le icen a ese puerto? ¡Puerto'e Naranjos! Entoes yo taba lavando en la balsa, y la balsa se hacía así, y Adelina taba asentada en la barbacoíta, y yo lavando. Luego me fui yo a extender la ropa así, de asoliar, cuando la china pegó un grito y dijo: "¡Ay, me agarró un hombre! ¡Peludo!" Ella taba cantando ai al pie de la balsita. Entoes... ¡ay, me pegó ese grito y pegó ese brinco allá juera!: "¡Mire que casita me agarra El Muan. Yo le alcancé a ver el brazo". Esas hay.

Esas hay, esas ha habido peru'hartas veces. Y yo lo vi varias veces, porque a mí me siguió mucho. Yo a ese lo vide como un cristiano. Él taba calentándose... en la playa, ¿sí? Ahí había un poco de palos de montestoque, y cuando yo siento, ¡fue que se jondió ese hombre! Un hombre... ¡Desnudo!, empelotas, puro en almendra, ¿sí?, apenas vestido de pelo, y se jondió al río y simasito me agarra con los chiritos de'onde yo taba lavando. Eso se hacía el agua así, y yo lo que hice fue recogerlos. Entoes luego volvió a salir, y entoes dije yo: "¿Será uno de los hijos de Victoria no... esos de puallá de Chenche Asoliado?" Entoes ai tenían vega al pie'e ande tenía Virgilio. Entoes me puse yo a mirar a ver si salían... nada; los bancales diagua apenas. No salió, pues era El Muan.
D. Ch.: Al que sí se llevó fue al hijo de don Juan... Ortiz, que se llevó al pelao, que lo sacó de la canoa... fue sacado. ¿Sí? El pelaíto le tiraron busca'sta'bajo y no apareció.
S.: Ve, ve... luego ¿cómo fue lo que le pasó al chino de Juan?
D. Ch.: Taban preparando unos anzuelos en alambre y... el pelao iba en la mitad de la canoa; y el que ai taba con la cara pa'cá; y cuando él vio fue que desapareció el chino de ahí... de la canoa... él no fue que se cayó ni nada, sino que desapareció de la canoa...
S.: ¿Y lo encontraron?
D. Ch.: No, no lo encontraron.

S.: ¡No volvió a'parecer!
D. Ch.: No lo encontraron. Fueron hasta Girardot a buscarlo más pa'bajo.
S.: ¿Quién creen que fue la que... el que se lo llevó?
D. Ch.: Eso fue El Muan... o La Muana; como La Muana se lleva es a los hombres...
S.: ¿Usté taba el día que se llevó al chino?
D. Ch.: ¡Claro! No ve que... nosotros lo ayudamos a buscar y todo. Pero el chino se desapareció y todo... desaparecido. y cuentan los papases del chino que lo oyen llorar; que lo oían llorar al principio por ai en la mata' e guadua. Seguro salía a calentar ahí. Pero... ¡imagínese! ¡Ya después de'star en poder dél qué!
S.: ¡Tantas cosas!... Figúrese que a mí... Taba yo lavando en el Chenche Viejo, cuando fue que se me salió ese animal tan velludo.
D. Ch.: ¿Cómo así?
S.: Diga vusté un cristiano, un cristiano, pero todo peludo, ¿sí? ¡Un hombre! Yo le vi la cara, como un hombre; con el pelo largo, largo, así todo mechudo: ¡mechudo!
D. Ch.: ¿Luego vusté no dijo que con la Diva vieron fue La Muana?
S.: ¡Sí! Esa es la misma cosa. La vimos peinándose allá en Chenche, en un peñasco. Así pasaba agua por ai y caía al Chenche... pasaba un .chorrito en ese peñón. Ai taba ella peinándose. El pelo era negro; no le vi los ojos, porque'ran como las seis...
D. Ch.: Y ustedes taban lavando...
S.: Tábamos lavando y entoes la Diva dijo: "¡ Mamá!" Tábamos a sobre coger la ropita pa' veninos, y entoes taba yo arrrejuntándola y me dice la Diva: "¡Mamá, camine ligero! ¡Mire, vea! ¡Allá ta La Muana peinándose, camine y la ve! ¿Sí?" Pero no nos hizo nada; sino aitaba ella peinándose...
...Y ellos salen también al mercado, a la plaza, común y corriente, como una persona ¡y quién se da cuenta! Ellos llevan tabaco, sal, aguardiente; pues ellos no tienen necesidá de vestirse, porque ellos son peludos, velludos, ¡todos cubiertos de pelo! Sólo salen cuando así... a buscar lo que necesitan conseguirse... común y corriente, como nosotros, como usté. Y dicen que es músico.
D. Ch.: Pues eso dicen que él es músico, pero se presenta, como dicen, en una persona como uno, como dice vusté, cuando vienen aquí al mercado. Eso me contaba un señor. D_o que lo había puestiado y que... había salido a la tienda y había comprado; y que volvió al río y se consumió... y se llevó lo que necesitaba. Eso sale de noche al poblado a comprar lo que necesita; pero él, para correrla usté es el chicote. Usté se pone a fumar un tabaco y deja el chicote; usté, cuando se va pa'l río, se unta eso, y no lo persigue. Es la base fundamental para El Muan salirle corriendo a uno. Esa es la vaina del chicote.
S.: Y si uno quiere que lo deje pescar le da uno tabaco ahí.
D. Ch.: Sí. Tabaco y sal. Usté llega por lo menos a un palo, lo llama y le dice, pasito: "¡río Juan, aquí le dejo esto!" Ai le deja usté. Cuando va, ya no encuentra esa vaina. Claro que a varios que hacen los contratos... No es que a tu'el mundo le vaya'cer esas vainas tampoco; porque yo conocí un muchacho que había, pescador allí, que lo primero que llevaba pa'l río era la sal, llevaba la sal ¡y esas pescononas! Yo había sacado pescado, pero él sacaba unos pescadonones los verracos; pescas de noche ¡una bestialidá! Había veces que usté va, como dicen, a tirar la'tarraya de noche, cuando ve que sale caminando un señor pa'l río; ese sale de la orilla y se bota y sale caminando puallá y varias veces le dice a usté: "¿Eh, amigo, me regala un nicurito?", por jodelo, por repelencialo a uno, por molestalo.
Él le gusta jugar con uno. Por eso también sale a pedir candela, y le pregunta a la gente así que si ha cogido..., y si le niegan, ¡ai sí es cierto que no le da ni mierda; porque si usté tiene pescao, si algo ha cogido, y le dice: "No, no cogí nada", es tan pillo que se baja pa' bajo y no le deja es niún, no le deja subir ni un pescaíto. Pero si usté le dice: "No, mire que sí, que ya tengo pa'l viudo, ya levanté", y la va con él... pues le cuento que le da pesca o y no le hace muchas travesuras. Pero si usté se pone a negarle que tenga pescao y a ser mentiroso con él, no le vuelve a dar ni... y lo persigue es pa' jodelo: eso le rompe las atarrayas y los chinchorros y todo; y el chinchorro lo troza, como le pasó a otro amigo que tuvo un tiro con él, con El Muan.
Fue el mismo viejo Miguel; era que a él lo perseguían mucho las busiones. Ahora ta viejo. Entoes ¡póngale usté cuidao!.. que se fue pa' echale el tiro encima; entoes llegamos a un tiro que hay así grande, al reboso de un peñón grande, ¿usté no lo conoció?.. Es un salto, eso llamaba El Salto. Es un salto del Chenche allí y cae al río Magdalena. Y entoes llegó el hombre y echó el chilazo al tiro dencima; y comienza a recoger chile, y recoja chile. i Le trazó tu'a como a tres cuartos del copo! Le dejó pero la falda de una vez: eso no quedó nada de chile; eso le cortó por fuera bien... Y él dijo: "¡Pero eso ya no es cosa buena!" ¡Y él recoja y recoja manta! ¡Y recoja y recoja buscándole el
copo!
S.: ¿Y qué copo l'encontraba?
D. Ch.: ¿No ve que lo había troza do? Es que ai trabaja El Muan. Ahora, ahorita es que no trabaja; pero en ese tiempo sí trabajaba. Eso lo veían de noche, allá acurrucao en la mitá del chichonero que taba pa'sar'ora. Y llegaban a pescar y... ¡purrundún!... como que una tortuga... ¡se zampaba al agua diuna vez! Noche clarita lo veían allí sentado esperando a hacer hora.
Por eso... ¡oiga! Por eso toda'tarraya para pescar hay que ponerle siquiera cinco plomos de cobre, ¡y así no jode! Con cinco plomos de cobre que se le pongan a la'tarraya en el cairo de abajo, plomos de esta grandura, así... No vaya a creer que coge El Muan enredándole la'tarraya ahí ni formándole esos tiros, ¡sí! ¡Puro cobre! Eso hay que ponerle a toda atarraya cuando se va a empatar para... ponerla lista para pescar.
S.: Ese también, cuando... para que no lo moleste... ¡con un tabaco!
D. Ch.: ¡Sí! Eso siempre, cuando uno se va'pescar, tiene uno que cargar tabaco, sal, vainas... Eso siempre lo corre.
Y el que la va con él... le da pescao; y el que se lo echa de enemigo... ¡olvídese! ¡Ojalá que l'eche la madre y verá que ai sí no tiene que usté volver a mirar el río! Puallí hubo un señor que taba pescando
también en una canoa en el río. Entoes dijo el que taba pilotiando:
"¡Échela pa'quel reboso que se ve'n la mitá!" ¡Póngale usté cuidao qué reboso puede haber en la mitá'el río Magdalena! ¡Eso qué reboso! Entoes el vergajo se paró... y volvió y allá arriba l'hizo reboso; y el del canalete le dijo al que iba con la'tarraya: "¡Échesela n'aquel reboso!" Entoes dizque llegó y se fue puallá y ¡le echó diuna vez la vieja! Le dijo al otro: "¡Qué reboso ni qué nada, ai ta ese jijuen? sé qué allá!" ¡Le echó la madre diuna vez! ¡Y ai se le emputa ese señor! Al ratico lo coge con un crespadal diagua y lo botó puallá por unas matas de guadua; puallá, mejor dicho, y ese hombre salió a pura; eso salió de la canoa. Lo que tuvieron que hacer fue encadenar... amarrada a una cepa de una mata deguadua y no la pudieron sacar. ¡Eso les puso un chiflón diagua muy bestia ese señor!
Volvieron como a las cuatro horas a pescar... a echale los anzuelos. Se los cortaba a dos cuartas del empate, les jalaba las cabuyas no más, y los anzuelos cortados a la mitá, ¿ve? Yeso no volvieron a pescar; y ese hombre se emputó con ese señor... ¿No ve que le echó la vieja? Desde que l'eche la vieja al Muan eso sí no tenga vusté que volver al río: lo persigue y lo persigue, y se va sólo hasta que lo jarta diagua. Por eso es que en el río uno debe es... no maldecir. Si uno maldice, más lo perturba a uno.
S.: ¿Y aparte deso usté no contaba que El Muan viste de blanco?
D. Ch.: Sí, El Muan por lo menos... en el río lo que pasa es... Yo también lo vi una noche que veníamos con mi hermano (y veníamos tres hermanos pescando) y lo vimos cruzar el... Pero yo no sé. Eso fue en un espabilar que nos... en un relámpago... lo vimos aquí que cruzó un palo aquí y desapareció. ¡ Pero lo vimos fue vestido de blanco! Y nosotros sabíamos que por ai salía... Un tipo blanco, vestido de blanco...
S.: ¡Fijese! Pero El Muan, ¿ese no se le mete a los pescadores en el chile?
D. Ch.: ¡Sí! Había un viejito que se llamaba Juan Solórzano. ¡Ese era muy apetitoso para que se apareciera El Muan! Él echaba el chile y sentía muy pesao, como si fuera a sacar mucho pescao, y sacaba el chile y salía El Muan acurrucao y no le hacía nada. Asustaba al viejito.
S.: Como todos son espíritus, ellos más que todo... la casa dellos es el río...
D. Ch.: No, El Muan... tiene especial o'nde él habita. Eso es en partes profundas, hondísimas, y por regla general, onde esos peñonales, que se arrecuesta el agua todita contra un peñón desos (esa agua es bravísima contra un peñón desos). ¡Ai es el habitadero del Muan! Eso no es en toda parte tampoco. ¡Siempre es en todas las partes peñosas, de puro peñón, y que el agua sea brava, que pegue contra un peñón desos que buge! Ai son los puntos del Muan. Él no va a habitar en cualquier parte así donde no sea, por ejemplo, peñones, tierras peñosas y tu'esa vaina, ¡no! Él no habita en esas partes.
S.: ¡Las muchachas les da miedo ir solas al río!
D. Ch.: ¡Ah, no, eso sí! Ellas siempre se deben cuidar mucho. Porque'llas saben que El Muan lo hay y que existe El Muan, ellas mantienen con miedo.
A él le gusta jugar con uno, como le digo cuando rompe las atarrayas y los chinchorros, y el chinchorro lo troza, como trozar por lo menos ese tubo de ahí y partilo; ese es el gusto dé!. Ya le digo... Yo lo he oído reírse por dos ocasiones: "¡Ñeeejeejee!" Ese es el modo de él reírse.
S.: Y esa tarde que lo vimos con esa inmensidad de aua en la mitá'el río, en una creciente tan inmensa de agua ¡que no se ha vuelto a ver! Crecientes en esa época, pero ahora... y verlo nosotros parado ahí. ¡Y cómo tamboreaba!: ¡pum, pum, pum, pum, pum! ¡Durísimo! Y nos miraba y pelaba esos dientes... ¡Cómo se reía! Mirando... y nosotros... ¡todos mirándolo! Y así duró un rato, 'i nosotros paramos a ver qui'hacía, a ver si duraba... Al rato se zabulló.
D. Ch.: Y se perdió.
S.: Al rato se perdió.
D. Ch.: Claro que El Muan recorre por el río... bastante, ¿no? Pero él tiene su punto en donde habita con frecuencia; pero él recorre... hace sus recorridos en el río. Per él sabe ónde tiene la cama, ónde tiene la casa.
S.: Como saber uno dónde tiene su casa.
D. Ch.: Exacto. Así es El Muan: él recorre por el río, pero sabe dónde tiene su casa, ¡'habitación.
S.: Y en parte onde él tiene l'habitación él es... sumamente profundo, muy hondo, l'agua brava.
D. Ch.: Sí, esu'es unas profundidades hondísimas... ¡El agua muy brava, muy furiosa!
S.: Por ai poco la gente puede pasar en embarcaciones.
D. Ch.: ¡Así es! Él mantenía en el azajón que dejó el río Magdalena (aguas altas del río Magdalena)... y luego se retiró desa parte y quedó un azajón, ¡pero hondo! Como estaba con el propio río por_
onde taba corriendo... quedó un azajón... ¡Bueno! Allá iba mucho la gente a pescar, porque cogían mucho pescao; en el azajón ese dentraba mucho pesca o ahí. Iban de noche a pescar, y hacían buenas pescas y todo; pero les hacía miles de picardías El Muan: les enredaba las tarrayas; eso a veces iba a echar uno el chilazo, yeso se revolcaba el pescao. Que salvaba la canoa y caía era'ncima'e la canoa; salvaban al pescador. Era un volate de pescao ai a lo bruto, Y. a la hora de la verdad,juntaban la'tarraya, y no salía ni un cuartil... Eso se sabía que'ra El Muan. ¡Y no era que se'nredara la'tarraya, pero bien enredada! Eso la volvía un nido, pues. Era El Muan eso; tu'esas picardías era El Muan. Y esa noche que me fui con Campo Elías... andábamos por el bordo'e la playa (una playa que hacía'sí, el remazón aquí, y la playa hacía así...) y veníamos pasitico y le dije yo a Campo Elías, pa'llao'e la playa: "¿Te'sperás?"... de noche, bien oscuro en la noche. Y yo'viento ese atarrayazo... ¡María Santísima! ¡Eso corcoviaba pescao sin tentación! Como yo lo sentía, que corcoviaba de pescao, yeso lo zarumbaban a uno, esas boca chico nonas y tu'eso Dije yo: "¡No voy a poder sacar la'tarraya del peso, de tanto pesca o que viene ahí!" Y me desmonto de la canoa y me pongo a recogela con tanto cuidao y... ¡ni una tota pa' un remedio siquiera! ¡Ni una tota pa' un remedio después de semejante volate de pescao! Era el jijuemadre Muan.
¡No, sí, claro! En seguida le dije yo a Campo Elías: "Esto es El Muan. ¡Camine! ¡Vamonós!" Esa noche perdimos la pesca, porque El Muan nos hizo ese tiro. Y nos vinimos en seguida porque ¿qué más esperábamos? Eso no hay pa' qué seguir pescando; toca venirse y volver después, pero a otra parte, no ahí. Eso no es a todo el mundo; eso es a ciertas personas que les hace esos tiros. Sí, eso se la vela; cada vez que va a pescar le hace esos tiros.
La otra noche yo taba pescando con un amigo mío, un amigo que se llamaba Rafael Ruiz. Ese'stá, pues aquí cerquita'e l'hacienda.
Se cogía pescao esa noche, pues el Chenche... el río estaba aguao, venía bien aguadito, pero taba saliendo pescao esa noche. Entoes quedamos los dos solitos ahí pescando: se cogía caloche, sapo, ¡pescao! Entoes me dijo el amigo: "No, pues ya que tábamos solos vamos a surtirle a la pesca, que pueda que cojamos más, que rinda el pescao". Nos juimos pa'l otro lao; entoes se sentó él así, al bordo'el agua a dejar hacer hora. Comu'hay que dejar hacer hora, porque eso es un asunto'e un crespa le, ¿no? Eso es un crespa le que se hace ai, y el pesca o se encarna en los crispa les. Uno llega y echa los chilazos es a los mansos, porque el río es largo, así, sin ningún nada, ¿no? Lo que queda son moyas y moyas y... crispa les y crispa les, y llega el pesca o y se encarna. Nos pusimos ai a... Entoes yo me recosté así con una peña, alta como la altura deste zin, así de la casa, tenía como unos seis metros de alto. Yo me recosté ahí; ya era eso como de las once'la noche, pues ya me taba era como pegando el sueño, entoes yo me quedé arrecostao ahí. Ahora liamos... mejor dicho una buena pesca teníamos... Cuando tábamos en la charla ahí, y ¡hombre! ¡Me quedé dormido! Y entre el sueño... y el viejo contándome ahí las pasatas que le pasaban a él, pues en la mocedá, cuando taba enamorao... se había embarcao puallá un una... el río, y entoes con la popa en la cabeza y se había metido por un conchero de guaduas y que si más se lo jarta esa noche... se lo jarta El Diablo, porque... pero es que tenía que ir a ver a la novia más que se ahogara, porque él tenía una novia allá.

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Taba en esas cuando sentí fue que se me vino un terrón encima; ¡pero grande, oiga! Y me ispierto yo, y el viejo a mí, y yo taba era dormido, y él contándome los misterios de las pasatas dé!. Y se me viene ese peñononón de puallá'e l'altura, esa que digo yo así de seis metros, viene a la cabeza y me ispierto y... Y yo que me quedo asentao así' cuando to... quedo es al medio de una semejante vaconona blanca, pero una cepa'e vaca cachuda... ¿Y yo qui'ce sentado? Lo qui'ce's que miré así p'arriba y al amigo lo vi por allá al pie'la vaca, y yo acurrucao en la mitá'e las tetas e la vaca, oiga. Y cuando le mando yo la vara, entoes pues la vaca se vino de allá y le puso la pata'la linterna y la volvió nada; le sacó todo junto con las pilas y todo... so quedó como una arepa. Le dije yo al amigo... y yo que me paro y que .salgo a la carrera pa' la mitá del río. Eso me daba con los calcañales en el culo. ¡Je, je, je! Yeso es como lisito, eso es comu'n jabón, me quedo patas arriba. Y yo que me paro, porque yo vi ese animal tan verraco, dije: "Esto no es una cosa... es una opción; ¡no es vaca!" Es una opción: una vaca parada puallá venirse a botes ni nada, sino que fue paradita, y caer encima de ahí ande tábamos nosotros...
Entoes me paré y me vine todo zurumbalén del mamonazo y yo (claro que estaba durmiendo), ¡póngale usté cuidao!, dije: "¿Y qué hizo el animal? Pa' ónde partió?" Dijo: "Gnimal yo no sé; ¿luego usté qué hizo?"

Dije: "No, pues yo le vi que, cuando yo me paré, vi l'animal que salió pa'bajo, pero yo no supe pa' ónde partió". Eso era, ¿cómo le digo yo?, eso era como La Muana... porque por formarse en vaca, ¿jm? Ese tiro nos pasó a nosotros. Entoes me dijo el viejo: "Vamos a ver si hay... en las mayas de pescao". Y le ije: "¡No, yo no pesco más; ni por El Diablo! Lo que hago es que me voy pero ligerito antes de que me jada este animal". ¡Y nos vinimos! Y le cuento que'so era asunto como de un ánima, y a lo que acaté, nos vinimos. Y él se jue para la casa.
Al otro día le pregunté: "¿Cómo le jue anoche?" Dijo: "Le cuento que yo llegué a la casa jue privao. Del frente'la casa de usté puallá... mire que'so me cogió una tembladera; las piernas eso me hacían así... y la cabeza, ya como el sombrero a no quedarme bueno. Y yo aplanándomelo y volvía y se soliviaban... los palos. Llegué a la casa y no tuve tiempo ni de tender el chile... Lo qu'ice fue que lo así de la barbacoa y diuna vez me acosté; ¡pero mudo! Ni pescao ni nada les dije a mi mujer y a los hijos que se levantaran a componer nada, porque yo dentré pasitico, abrí la puerta y m'entré. Y yo le cuento que'so jue una cosa muy espantosa... Yo llegué así con los pies como una gualdrapa. Al otro día que le contó el cuento a la mujer, dijo: "Yo me pasó esto con Chucho (como yo me llamo Jesús). Y esto me pasó esta noche con ese señor... pero una cosa muy brutal ese tiro". Eso fue una pasata que nos pasó esa vez; nu jue más. Hasta ahí ese misteno, ¿SI?.

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Otra vez... otra vez... Cuando yo taba güipa, mi tía era ya una china grandecita y le gustaba ir al río sola, porque El Muan la tenía encantada. Una vez mi abuela la dejó sola con una comadre della; entoes se fueron a lavar una ropita y entoes fue que la viejita se descuidó, y la china desapareció. ¡Y búsquela y búsquela y nada! A los varios días, los pescadores la veían cuando El Muan la sacaba a asoliarse a una peñita, y era que no la había podido meter a la cueva porque'lla llevaba siempre un escapulario; los pescadores se consiguieron unas atarrayas bendecidas y unos frenos, y en una desas salidas ellos tiraron el chilazo y, cuando lo sintieron tirar, se botaron dos y la sacaron del agua agarrada del pelo, así como se saca a un ahogao. Ella después contó en la casa que El Muan había tratado de arrancale el escapulario y que por eso tenía todo el pecho rasguñado. A mi tía se la llevaron para Prado para volveda a bautizar, porque cuando El Muan se las lleva les quita el bautizo... y cuando la bautizaron... se murió.

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