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ESCRIBANOS

Celebrando 10 años del Colegio europeo de Ibagué.

La Candileja

 

 

LA CANDILEJA

 

 

 

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Por los caminitos limpios y aireados de nuestro Tolima; por las sendas bordeadas de tupidos árboles; por las sierras y colinas sin vegetación; por las crestas de sus cerros; por la llanura solitaria; por sus ríos y veredas; en las ruinas de casas abandonadas; sobre el lomo de nuestras caudalosas corrientes; en las zanjas erosionadas, en fin, por estos vericuetos de nuestro terruño, a altas horas de la noche o al clarear del día. Hemos visto con asombro o con sorpresa una antorcha fulgurante que se mueve asombrosamente de un lado para otro, atravesando considerables distancias. ¡Esa es la candileja!.
Entre el bullicio de las urbes, entre el resplandor de nuestras calles luminosas con sus bombas de mercurio, o entre el asfixiante marco de nuestras calles, no la podemos conocer. Hay que ir al campo solitario, lejos del bullicio de la civilización; hay que tenderse en una hamaca a campo raso, para ver mejor el titilante parpadeo de las estrellas y sentirla soledad y la paz del silencio; hay que estar cerca de las ceibas, de los soberbios cambutos y los majestuosos robles.
La Candileja es una bola ígnea de tres hachones o luminarias, con brazos como tentáculos chisporroteantes de un rojo candela, que produce ruido de tiestos rotos.
Es admirable ver cómo persigue a los borrachos, a los Infieles y a los padres irresponsables y blandengues. A los viajeros que transitan en horas avanzadas de la noche, por asustarlos, les cae sobre el anca o el cuello de la bestia y algunas veces se aparece chorreando osangre.

 


LEYENDA DE LA CANDILEJA


Nuestros progenitores decían que hace muchísimos anos había una anciana que tenia dos nietos a quienes consentía demasiado, tolerándoles hasta las más extrañas ocurrencias, groserías y desenfrenos. Las infantiles ocurrencias llegaron hasta exigirle a la viejita que hiciera el papel de bestia de carga para ensillarla y luego montarla entre los dos; la abuela accedió en el acto para felicidad de sus dos nietos, quienes anduvieron por toda la casa como sobre el más manso cuadrúpedo. Cuando murió la anciana. San Pedro la recriminó por la falta de rigidez en la educación de sus dos pimpollos y la condenó a purgar sus penas en este mundo entre tres llamaradas de candela, que significan: el cuerpo de la anciana y el de los dos nietos.
Los abuelos y tatarabuelos, en los hogares de familia numerosa, puede que para escarmiento o como lección moral a sus hijos, repetían esta leyenda con frecuencia, que era el embeleso de las personas mayores y el temor de los pequeños.
Algunos campesinos han llegado a confundir su luz con la de las guacas, aunque los bien conocedores dicen que la luz de la Candileja es roja, mientras que la de las guacas es de un amarillo opalino, con tintes pronunciados de azul añil.

 



ANÉCDOTAS


Desde comienzos de este siglo acostumbraba la sociedad hacer paseos de tres y hasta cinco días a las haciendas o casas de campo de familias acomodadas, reuniéndose unas treinta personas entre adultos y niños.
Aprovechaban las noches de luna para jugar rondas en el patio, diversión en la cual tomaba parte no sólo la chiquillada sino los mayores y hasta los ancianos. A veces las señoras se reunían en un salón a jugar naipe y a la vez oyendo vitrola; los señores jugaban en otra sala al "tresillo".
Entre la algarabía de los juegos, ya fuera San Miguel Dorado, El Rey Pimpinito, El Conde Laurel y el Burrión Burrión, alguno de los peones interrumpía para avisar que la Candileja había caído sobre la palma del potrero cercano o sobre los árboles que bordean la quebrada. Fidel, a quien apodaban "el diablo", peón de la hacienda Teusaquillo, contentaba a los chiquillos diciéndoles que la Candileja no le hacia daño a los niños sino a los grandes; que él se iba a "puestiarla" cerca a "la piedra negra", porque cuando ésta acostumbraba visitar insistentemente un sitio, quería decir que allí había enterrada una guaca y él se la iba a sacar rompiendo bajo la piedra. Los otros peones le dijeron que no fuera, que de pronto lo orinaba, quedaba ciego o le podía dar un patatús. Él respondió burlón que para eso era "el diablo" y nadie podía contra él.
Arguyó que sabía los secretos para tratarla; que si quería alejarla, le rezaba un Padrenuestro, pero si quería que le indicara dónde se hallaba la guaca, la insultaría así: ¡Vieja alcahueta...! ¡Vieja farolota...! ¡El mandingas te ha de tener en la paila mocha...!
Todo el grupo infantil prorrumpió en risotadas celebrando las expresiones de Fidel y reanudando el juego. Entretanto, el porfiado "diablo" se fue a espiar el endriago candente. A la saga se fueron dos peones para cuidarlo, en caso de que algo malo le sucediera.
Acá, en el patio limpio y plano, se seguían tejiendo rondas bajo la luz de la luna.
Al día siguiente, todo mundo en pie, fue sorprendido con la noticia de que la Candileja había idiotizado a Fidel, porque tarde de la noche lo hablan recogido Braulio y Rufino, cerca a la piedra negra, con la mirada perdida y sin un pensamiento en la mente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA CANDILEJA DE AMBALEMA


Cuenta don José María Chacón, que en el caserío de Bermejal, del Municipio de Ambalema, por ahí en el año 1910, un matarife llamado Feliciano, era apreciado por todos en aquella localidad, por su carácter bonachón. Los sábados acostumbraba matar una res, cuya carne la adobaba muy bien, para expenderla el domingo en Ambalema. La venta era una exhalación por su preparación especial.
Tan pronto terminaba, se iba a hacer el mercado de su casa y lo despachaba inmediatamente con un sirviente, para él quedarse tomándose sus traguitos y haciendo caracolear su caballo por diversos sectores, hasta ubicarse frente a la tienda de doña Celestina, aledaña a la carnicería y donde permanecía hasta avanzadas horas de la noche.

 

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El regreso lo hacía al galope, acompañado de un muchacho que montaba en el anca de su corcel.
Una vez se demoró más de lo acostumbrado. La noche estaba terriblemente oscura. El camino real era una bella alameda de árboles frondosos, que a aquella hora, hacían más densa la oscuridad, de manera que la visibilidad era nula. De pronto, al llegar a la orilla de la quebrada "El Desagüe", vislumbró en la copa de los árboles del camino, una llamarada de candela. A pesar de la borrachera, don Feliciano pensó que se trataba de la Candileja y, en vez de insultarla para que se alejara, con el susto se puso a rezar y a echarse bendiciones, motivo para que la llamarada fantástica le cayera al cuello del animal, que también se asustó y empezó a corcovear. El buen hombre le clavaba con furia las espuelas y le propinaba tremendos fuetazos que no sólo le caían a la bestia, sino al pobre muchacho que gritaba desaforadamente para que no lo pegase más, pues ya estaba sangrante.
Don Feliciano no oía... era víctima de un nerviosismo exagerado. El caballo en tan desaforado trance se desbocó y lanzó lejos a los dos cabalgantes que cayeron al suelo sin sentido y en donde permanecieron hasta la llegada de otro trasnochador, quien al ver el reguero de cosas y a los dos accidentados, llamó a los vecinos para que vinieran a trasladarlos en camillas para sus casas.
Con los remedios que le hicieron a don Feliciano, pronto se recuperó y relató lo sucedido, advirtiendo que la Candileja no quemaba, que el miedo que él sentía era por el traqueteo de los huesos.
El suceso se divulgó por los contornos, llenando de miedo a los trasnochadores y borrachos. Los infieles, los perjuros, los masones y los padres irresponsables se trasformaron por mucho tiempo, hasta que se olvidaron del percance de don Feliciano y las travesuras de la Candileja.

 

 

LA CANDILEJA DE LA LAGUNA DE LOS PATOS
Cerca a la laguna de Los Patos, en Purificación, hace decenas de años; vivía un hombre que tenía una venta de chicha, guarapo y aguardiente de contrabando, fuera de algunos artículos de primera necesidad como velas de sebo, fósforos, panela, azúcar, petróleo, etc.. etc. Aunque las ventas eran buenas porque el sitio era paso forzado por los vecinos de Chenche, Jabalcón, Ovejera y Saldaña, su dueño siempre vivía sin camisa a causa del excesivo calor y, como decía él, las ganancias no alcanzaban para comprar "doble muda".
Los ricachones de las haciendas vecinas, los administradores, mayordomos y peones de las haciendas antes mencionadas se demoraban en la tienda de don Primitivo hasta avanzadas horas de la noche.
Las autoridades municipales no se preocupaban por arreglar la laguna en épocas de verano, así que las bestias, ya de carga o chalanes quedaban allí prendidas debido a la greda tan melcochuda.
En cierta ocasión que venia con mi abuelito de la hacienda El Iguá y estaba lloviendo, antes de llegar a la laguna, nos arrímanos a la tienda a esperar que escampara, mientras tanto conversamos con el dueño, así:
- Don Primitivo, ¿usted vive contento aquí con su negocio?

 


- A veces, señorita. Los compradores en su mayoría traen sus chismes y en ocasiones verdades de lo que sucede en el pueblo.
- ¿En el pueblo? ¿Y por qué no de lo que acontece en las veredas?
- También. ¡Todos se reúnen y dicen unas cosas... !
- ¿Cómo cuáles?
- ¿Conoce a Toribia, la de Chenche, que hornea almojábanas y rosquetes?
- Sí. Por cierto tienen fama de exquisitos.
- Pues... cuando iba los sábados al pueblo a vender el horneo, después de la venta hacía el mercadito y luego se metía a la tienda de misia Elvira a tomarse los chirrinchos. Cuando regresaba al rancho montada en la yegüita rucia, al pasar por la laguna de los Patos se le presentaba la condenilla.
- ¿Y estando tan anciana, por qué esperaba el anochecer?
- ¡Lo que es el vicio...! Hace ya como un año, la última vez iba muy borracha cuando la voladora le cayó sobre la cabeza de la yegua, que a pesar de ser tan mansa se puso a corcovear, lanzó a la señora lejos y los víveres quedaron regados en el barrizal. Cuando la recogieron tenia una pierna partida y varias costillas rotas. Por eso no pudo volver a hornear.
- ¡Pobre señora...! ¿Y de cuáles otros casos se ha enterado usted?
- EI de don Zabulón, el de la Chivera. ¿Lo conoce?
- No, pero lo he oído nombrar mucho. Es el que negocia en pieles de cordero, ¿verdad?
- El mismo que toca y baila. Como ve usted, el viejo que ya tiene nietos, se va a separar de la señora.
- ¡Cómo...! ¿Y eso por qué?
- Es que el condenillo ha sido vicioso al traguito desde mocetón, y como deja oscurecer cuando viene del pueblo, al pasar por la laguna, se le monta la Candileja en ancas del caballo y él, con el susto, en medio de la oscuridad se cae, queda sin sentido, bota la platica y la bestia sigue sola a la casa. La familia al notar que el animal llega solo, suponen unas cosas. Al amanecer llega don Zabulón. Por la mañana, al relatar las peripecias con la voladora, la pérdida del dinero, el regreso a pie, nadie le cree.
- ¡Pobrecito! ¿Pero no hay testigos del suceso?
- Prácticamente no los hay. porque la confiscada aprovecha el paso de los trasnochadores cuando van solos y luego desaparece. Siempre que llega algún viajero amigo y lo encuentra atollado en el barrizal lo levanta y lo acompaña hasta cerca a la casa, pero no llega con él para dar testimonio del caso.
- ¿Y esos sustos han sido en estos días?
- ¡No...!Desde que yo era un guipa, conozco a don Zabulón como un hombre ya formado.
- ¿Y siempre lo ha asustado la Candileja?
- Siempre que pasa tarde de la noche y con sus "humos".
- ¿Por qué los amigos y vecinos qué más lo aprecian no van donde la esposa y le relatan las travesuras de la Candileja, no sólo con el esposo sino con las otras víctimas?. Es lamentable que un matrimonio bien constituido y un hogar de tanta trascendencia se derrumbe sin motivos graves.
- Eso si es cierto. Vea... al viejito Macarlo lo venia persiguiendo todos los sábados cuando pasaba borrachito, pero él, más malicioso, la última vez quiso ensayar a ver si le salía y no se tomó ni un trago. Cuando venía llegando a la laguna la alcanzó a ver subida en el "caucho viejo" y de una vez se puso a insultarla diciéndole unas expresiones feas y, eso sí fue santo remedio para ahuyentarla. .
- ¿Por qué don Zabulón no aplica la misma fórmula de don Macario?.
- Él la sabe, pero lo que sucede es que cuando uno está ante el peligro, no se acuerda sino de rezar y de echarse bendiciones y esto atrae más a la malvada.
- Para evitar males mayores van a tener que pedir a las autoridades municipales que arreglen la laguna, le echen mucha arena y desmonten los alrededores.
- Pues bueno por unas cosas y malo por otras. ¿No ve que si se alejara la Candileja disminuiría la clientela y no habría temas para tratar en mi "chucito"...?.Así no podría yo ganarme mis "chichigüitas".
- Eso es verdad, tiene usted razón don Primitivo.

 

 

 

 

 

 

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LA CANDILEJA Y LA GUERRA DE LOS MIL DÍAS

 


Encuentro en las crónicas de don José María Chacón que desde comienzos de la guerra de "Los Mil Días", los ambalemunos tomaron parte activa en ella. Las tropas estaban al mando del general Marín, quien encantado no sólo por la belleza del paisaje y por la gran acogida de sus moradores, sino también por la situación topográfica favorable para las estrategias de su campana sentó sus reales en aquel lugar.
Cuando él general Marín capituló, el estremecimiento y asombro fueron tan notorios que muchas gentes lloraron porque consideraron aquello, una de las peores desgracias.

 

 


Abundaron las chascarrillos en forma de coplas que se popularizaron, siendo ésta la más conocida:
Ambalema, los bailes de primera, cigarreras, algunas de botín;
y las "juanas", de su tropa compañeras se lamentan la entrega de Marín.
Los tormentos de la guerra habían agotado no sólo las energías y las vidas, sino los cultivos y los negocios, causas para que las gentes hambrientas buscaran afanosamente los medios de adquirir alimentos que les proporcionara la madre naturaleza, aunque arriesgaran la vida aquellos que se habían escondido para no prestar el servicio. Tres amigos y vecinos pudieron eludir la vigilancia y salían tarde de la noche de sus escondites, hasta el río Magdalena, donde habían logrado enterrar una canoa, en la playa, cerca al remanso de la Garcera, con bastante riesgo, porque en aquellos lugares merodeaba un gigantesco caimán, demasiado peligroso.
Cierta noche, en que la pesca de bagre era abundante para nuestros arriesgados jefes de familia, vieron aparecer por los lados de Cundinamarca, sobre las lomas de Pulí, una bola ígnea, volátil, que incesantemente se posaba sobre varios árboles del monte. Temerosos cuando se cercioraron de que era la Candileja y que se pasara hacia donde ellos estaban, empezaron a rezar cuanto sabían y a encomendarse a la Virgen. Veloz como el rayo atravesó el río y vino a posarse sobre la copa del payando bajo el cual estaban los tres pescadores. Llenos de pavor pensaron echarse al agua, oteando al caimán y vigilando a la atrevida voladora que descendía por las ramas para caer sobre ellos. No había otra solución. Se lanzaron al remanso y allí permanecieron sumergidos hasta que el bicho regresó a su lugar de origen, cuando los reflejos de la aurora anunciaban un nuevo día.
Temblorosos y entumecidos los tres hombres salieron a sacar la provisión y a enterrar la canoa, aunque con mucha dificultad, ya que por el largo tiempo de inmovilidad como por el nerviosismo con la Candileja y el caimán, los había atrofiado un poco.
No podían perder tiempo porque la guardia de avanzada podría sorprenderlos en el trayecto. Mudos y cabizbajos recorrían el camino siendo el cerebro de cada uno, un verdadero laberinto de ideas, de temores, de dudas y al mismo tiempo de satisfacciones, porque a pesar de tanto sufrimiento, llevaban buena provisión para sus familias. Cada uno hacía el balance del susto y, no sabían qué había sido mayor, si el miedo al hambriento caimán, o a la cara de muerto de la Candileja, no olvidando el temor de que los sorprendieran los guardias del gobierno, si amanecía y no podían salir de allí,
El frío, los calambres, los sustos de la guerra desaparecían ante las angustias de aquella terrible noche, que más parecía una pesadilla que una noche de pesca.
LA CANDILEJA DE LA REGIÓN ORIENTAL
- ¿Don Sebastián, es cierto que por la región de Aco, en Prado, han visto la Candileja?
- Miles de veces, señorita. A fines del siglo pasado, cuando apenas contaba mis veinte abriles, ya estaba aburrido de verla brincar por todas esas serranías...
- ¿En qué sitios la ha visto?
- Conozco toda la serranía oriental, porque trabajé en aserríos con mi padre y desde pequeño la conocí en el alto de "Cara de Perro". Luego en Cerro Azul, en Peñas Blancas, en la Fila, en el Boquerón de La Laja, en el Cerro de Los Muertos... en fin... son muchos.
- Mi curiosidad estriba en saber si la ha visto de cerca, si se le ha aparecido en el camino, o es que le han contado sus progenitores.
- Pues verá: unas veces le cuentan a uno los viejos; otras, por los cachos que relatan en los aserríos y en ocasiones, que uno ha presenciado y que lo dejan pasmado. Otras sí, es que de verdad verdad los ha sufrido uno en carne propia.
- Estoy ansiosa por oír alguno de ellos...
- Me contaba mi abuelo que a él lo persiguió mucho cuando tenía un sacatín en compañía de mi tío Climaco. Quedaba lejos del rancho, para que los celadores del resguardo no fueran a maliciar que era de ellos. Cuando el aguardiente no lo vendían, se lo tomaban y llegaban a la casa "rascados". Si regresaban a la "madrugada grande", ya estaba la Candileja puestiándolos: unas veces se le encaramaba en la grupa del caballo de mi tío; otras, le caía al cuello de la bestia en que montaba mi abuelo, dizque para que la pudiera conocer mejor.
- ¿ Y era que a ellos no les daba miedo?.
- ¿Que si no?. Al más guapo le da. Quien diga que no, es porque es un gran mentiroso, o... no se le ha presentado.
- Cuentéeme, ¿Qué le sucedió a su abuelo?
- Que una vez la vio en la "fila" del cerro y dijo: esta noche la confiscada está lejos... supongo está asustando a otro y a mi me va a dejar tranquilo. Siguió el camino, y como si lo hubiera oído, con la velocidad del rayo, cayó sobre un "siete cueros" del camino, chorreando sangre. Con el miedo tan grande que le dio, mi padre se santiguó varias veces porque así no la había visto jamás; al instante la voladora cayó sobre la cabeza del animal que se asustó, corcoveó y lanzó lejos al pobre viejo, quien perdió el sentido.
- Por Dios, ¿qué le sucedió?
- Rodó por el pastizal y al día siguiente lo encontraron casi desbaratado. Se le hablan sumido unas costillas, se le partió el brazo izquierdo, se dislocó la rodilla derecha, y... muchas aporreaduras en todo el cuerpo.
- ¡Pobrecito! ¿Se recuperó pronto?
- No crea. Como ya estaba viejo, quedó baldado de por vida
- Acláreme una cosa: ¿Es que la Candileja persigue únicamente a los hombres?.
- Es que como somos más perniciosos y sinvergüenzas... Pero ya que me da pie, le voy a referir un caso que conocí cuando yo andaba como gitano, disfrutando las locuras de la juventud.
Al finalizar la guerra de "Los Mil Días", quedaron muchas "juanas" diseminadas a lo largo del Tolima Grande. Algunas de ellas se hacían célebres por su belleza, otras por su heroísmo. En el Guamo conocí una muy linda que andaba con uno de los coroneles y tuvo una hija, a quien le puso por nombre Dorotea. La muchacha tan pronto murió la mamá se fue a vivir con un rico hacendado que tenía negocios en toda esta reglón oriental, por eso no era extraño encontrarlos de paseo cerca a la laguna de La Churumbela, por Tarurito, por Peñas Blancas, Cielo Roto, Aco y la región de la Mata.
Cuando el hacendado ya le había regalado muchos caballos de paso, una casa de campo con algunas reses y un buen capital, se separó y puso un negocio de cantina atendido por "damiselas" que ella contrataba en las ferias de Girardot, donde lucía con elegancia y lujo. Ya no le gustaba que le dijeran Dorotea si no Dora.
- ¿Usted la conoció..., don Sebastián?.
- Naturalmente ¿No le advertí que yo llevaba vida de gitano ''
- Tiene mucha razón, don Sebas. Prosiga .
- A la muchacha le gustaba el "chirrincho" y, cuando ya estaba "copetona" le daba por ensillar el mejor caballo y salir tarde de la noche a corretear Quienes la veían creían que era "un alma en pena"; otras, que era "la diabla". Por dos ocasiones me la encontré cerca a la zanja de''Las Quevitas" y llegando al cerro del "Altar".
En las muchas andanzas, la Candileja de la región de Cuinde y Río Negro se la tenía dedicada, pero la linda Dora desde que estuviera en sus cabales sabía ahuyentarla insultándola y, así se libraba de tan importuna aparición. De pronto, una noche que se había pasado de copas, la Candileja le cayó al camino, frente al caballo para que este se asustare y la "doña" la pudiera filiar mejor. Así se verificó: la bestia se asustó y lanzó a la muchacha por la zanja abajo. Al día siguiente encontraron a la "bella" entre el monte, toda aporreada, con muchas magulladuras y la columna vertebral destrozada.
El hermoso rocín apareció frente a la casa, y gracias a él, sacaron la consecuencia de que algo malo le había sucedido a su dueña. En tan lamentable estado la llevaron para Bogotá a una casa de salud, pero nunca más se volvió a saber de ella.
- ¡Tristehistoria, don Sebas!
- Como es la de todos los que andan por el camino de la depravación
- Muy cierto. Ojalá muchos se dieran cuenta de todos estos ejemplos para evitar errores y lamentar desgracias,

Hablando con don José María Chacón sobre la existencia de la Candileja, me aseguraba la afirmación con testigos de un episodio que tuvo lugar en Tajo Medio, caserío del municipio de Ambalema.
Me cuenta que a principios de este siglo, en las veredas de Bermejal, Chorrillo, Tajo Medio y La Capilla, se distinguían en las celebraciones del San Juan y el San Pedro, con el boato acostumbrado en estas festividades de rancia tradición tolimense.
En una de tantas reuniones campesinas, estando la parranda en el más alto grado de animación, siendo ya la media noche, se acabó el aguardiente y, para evitar que decayera el entusiasmo, salieron al caserío a buscarlo de contrabando, los señores José Ortíz, Daniel Ramírez y Eulogio Rodríguez.
Aunque la planada era limpia y despejada tenían que pasar por un monte de árboles frondosos y arbustos espinosos. Al regresar al baile, divisaron una bola de cañuela que volaba sobre las copas de los árboles del bosque, que precisamente tenían que transitar. Todos tres cayeron en la cuenta dé qué se trataba de la Candileja y pusiéronse de acuerdo para atraparla; con el afecto de los tragos se sintieron guapospara tal empresa
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Acordaron rezar en alta voz para que cayera cerca a ellos y en efecto, voló sobre un crucero, donde quedó enredada en tas espinas, esparciendo una lluvia de lucecitas. Siguieron rezando, proponiéndose esperar los albores del día para comprobar su estructura. Con las luces del alba se acercaron al crúcelo y encontraron un esqueleto humano. Lo desenredaron, y uno de ellos lo envolvió en la ruana de hilo, para presentarlo a los asistentes de la fiesta.
Los parranderos no sabían si creer o dudar lo que referían los autores de la aventura y al fin resolvieron guardar el esqueleto en un baúl, con llave, mientras todos seguían disfrutando de las alegrías del jolgorio durante él día.
Al llegar la noche, percibieron unos lamentos procedentes del baúl, que llenaron de pánico a los parranderos. Optaron por sacar la caja al patio, con las debidas precauciones y abrirla pero sobrecogidos del miedo.
Al abrirla, salió flotando, no el esquelético, sino la bola de candela, ante los ojos asombrados de los circunstantes.
La reunión se disolvió, llevando todos los presentes, dentro de sí, gran dosis de miedo.
Cuentan que nunca más volvieron a ver la Candileja saltar en los árboles de aquellos contornos.

LA CANDILEJA NARRADO POR EL TIO JULIO

La Candileja... pues se dice que era una mujer; una persona'muy alcagüeta que tuvo tres nietos o tres nietas, pero nunca los corrigió. Eso les bajaba todo lo que acometían: hacían todo lo que les daba la
gana y, a lo último, lo que hicieron fue matar/a a ella, y se murieron los nietos. Y entonces, como ella era candileja... al fin de'al cabo mi Dios la castigó a andar en el mundo, entonces quedó en el aire dando vueltas. Por eso la ven, ven tres montones de hueso: el de la abuela y el de las dos nietas... ¡Montones de hueso ardiendo! Porque, como eran tres nietos y ella, andan tres tizones, ¡je!, y la...lagacha es ella. Pero La Candileja se presenta a veces en un mechón de candela... Esa pájara es como un cachón de candela que tiene cola y echa llama por la boca, y ella se posesiona de partes del monte, yeso vuela así de palo en palo, echando llama; y más que todo... eso asusta a los que van pu'el monte de noche... y cuando van borrachos, cuando van borrachos les envolata el camino.
Esa la he visto con la llama atrás... esa la vimos en la loma del Mirador... Yo me acuerdo de oír la... de ver la hoguera, pues, pasar por el monte; ¡la pura hoguera no más! Otra vez... otra vez la vi yo, una vez por el camino vi yo unos viejos miedosos y yo sabía qu'iban detrás de mí. Entonces me fui yo con un compañero y le dije: "Andemos ligero". Teníamos una cala... un jolongo de vaca por allá cerquita; ¡-entonces llevé una vela y se la zampé al medio deljolongo ese... y lo... t le prendí candela y le... le jalé un palo de jaba. Y jue los tipos vela allá y les tocó devolverse. Cuando volví la mirada, vi una bola de fuego ¡grande!, y los asustados fuimos nosotros. ¡Y eche a correr! ¡Y la bola de fuego detrás!... Esa era La Candileja. Ya le digo... ella, a las personas de a caballo, cuando La Candileja se les pega, cuando se les acomoda detrás en el anca del caballo... dizque hay que regañarla, tratarla, es decir, en palabras soeces, ¡mal! ¿Sí? Y así a usté se le despega. Eso la tratan muy feo, porque'so como era una vieja alcagüeta...
Otra vez, el que fue alcalde de Purificación, ese una vez le pegó un susto La Candileja; porque resulta que... resulta que estaba arando un terreno y, cuando vio que taba ardiendo un palo en uno de los estantillos de la cerca, entonces dijo: "¡Carajo, se prendió la cerca!" Y entonces se fue puallá, se fue ligerito a apagada y, cuando iba llegando... el palo taba en la otra esquina y lo... lo puso así toda la noche a dar vueltas por lado y lado, el asunto de La Candileja.
Esto me pasó en Aco. En esa ocasión, taba yo ya grande. Tenía una -Anca que había comprado en Aco. Tenía harto ganado y había hecho amistad con un señor de Dolores que llamaba Félix María González, y él tenía una -Anca que pasaba por la mía y él siempre se quedaba en la casa. Ahí comía y llegaba a eso... a eso de las siete'la noche. Al otro día, por la mañana, desayunaba y se montaba en su mula y cogía para'bajo, para una -Anca'bajo que tenía... ¡Un -Ancononón grande que tenía debajo de Aco! Me hice supremamente amigo de don Félix, y me dice: "Don julio, yo quiero regalarle una muleta. ¿ Cuándo va a Dolores pa' regalásela?" Yo le dije: "Don Félix, yo cualquier día le hago la ida". Yo sí le hice la ida. Monté de a caballo, eché una botella de aguardiente... (en esa época se usaba el zamarro pa' montar a caballo, en esa época todo el mundo lo usaba) y me fui. Yendo bastante lejos, llegando a una casita donde vendían huevos, me compré unos y me los empaqué así eruditos y encima... un buen buche de trago. Eso camina y camina usté tierra y no le da hambre. Entonces llegué a Dolores y allá me encontré con don Félix, y él me dijo: "¡Camine pa'l'hacienda!" Y así fue. Nos fuimos, yo en mi caballo, y él en una mula (él siempre andaba en un mulononón. ¡Hermoso animal!).
Una hacienda linda. Ai amansaban ... caballos cerreros sin amansar, y él abrió para traer un lote de mulas y las dejó entrar. Y me dijo: "Bueno, señor Guzmán, descoja la que le parezca". Y a mí me gustó una de color pardo, bonita. y él me dijo: "Bueno, entonces no se la lleve ahora... yo se la llevo a un puerto llamado Viriviri, a ese puerto donde vive un señor llamado Deogracias; a ese punto se la mando y yo le mando'avisar cuando ya esté lista la mula pa'que l'amanse". Y así fue. Mandó a decir que fuera a donde don Deogracias por la mula; pero cuando llegué... no encontré a Deogracias, sino a sus hijas, y ellas me dijeron que estaba sacando aguardiente en una zanjita que había debajo de la casa, un medio cordoncito de monte, sacando aguardiente... Eso chorriaba y ¡ay, Virgen Santísima! Y nos pusimos a tomar trago caliente. El trago, aunque yo soy fuerte... me marea un poco. Cuando ya acabamos y ya íbamos pa' la casa... íbamos bastante jalados, y nos vinimos con don Deogracias hasta un punto que se llama El Pedregal, y ai se quedó él, borrachito y seguí yo solo con la muleta. ¡Claro, y me quedé yo solo! Se puso la noche oscurita, y se venían unos goterones de agua Y ¡ay, Virgencita Santísima! ¡T o' solitico y me envolató el camino la jijuemadre Candileja! Y me tocó arrimame a un palo'e guásimo y... colgar la muleta cerca y desensillar el caballo... Ai me tocó amanecer; pero en plena noche oscurita veo yo esa pájara enorme... ¡Virgen Santísima!... que hervía por todos esos árboles echando candela por la boca... Y se me fue completamente el mareo, y yo al pie'e la montura sentado... Pa' onde yo cogía, esa porquería, y yo mirándola volar de palo a palo y ¡eche candela! Eso tiene la forma de un animal echando un solo chisperío'e candela... Yo no creía en esa vaina, pero esa noche yo vi que'ra cierto. Al otro día, cuando aclaró, ensillé el caballo y solté la mula... y el camino... ¡Limpiecitico!
En otra ocasión, a José Caballero lo persiguió ella; mejor dicho, lo privó. Salió a las dos a.m., y tenía que ir a l'hacienda' "Moraluna"... ¡Ejo era lejos! Iba en una yegua que llamaban "La Bruja"... cuando vio una llamarada que ya se le venía encima... y él ¡hágale! Y, entre más corría, más se le acercaba. Él alcanzó a dentrar al solar de l'hacienda ahí... unos árboles grandes que llaman samanes, y entonces, él álcanzó a llamar a un compañero que taba ai en l'hacienda y le dijo: "¡Ay, Olegario, desensílleme esa yegua!" Y entonces cayó jue privao. Y le dije... y le preguntaron: "¿Qué le pasó,)Josué?" Y ai taba la llamarada de candela en uno desos... en uno desos palos. No más el hombre volverá andar tarde la noche. Ese siempre se iba a visitar a la novia y a tomar trago hasta la una o dos de la mañana y... desde entonces, que le pasó eso, no volvió. Ya le digo... La Candileja... pues es un hachón de candela que se ve ai en el piso... y... ¡ay de que coja usté a rezar! Porque entre más rece usté... más se le acerca...

 

 

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