Celebrando 10 años del Colegio europeo de Ibagué.

La Llorona

La Llorona

 

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Es otro personaje mítico del llano ardiente.
Quienes la han visto dicen que es una mujer con la cara huesuda, cabellera revuelta y enlodada, ojos rojizos, vestidos sucios y deshilachados. Lleva entre sus brazos un bultico como de niño recién nacido. No hace mal a la gente, pero causan terror sus quejas y alaridos gritando a su hijo.
Las apariciones se verifican en lugares solitarios, desde las ocho de la noche, hasta las cinco de la mañana. Sus sitios preferidos son las quebradas, lagunas y charcos profundos, donde se oye el chapaleo y los ayes lastimeros. Se es aparece a los hombres infieles, a los perversos, a los borrachos, a los jugadores y en fin, a todo ser que ando urdiendo maldades.
Este mito es conocido en todas las regiones de Colombia y está generalizado en América, con la diferencia de que cada región tiene su leyenda propia.

 

LEYENDA DE LA LLORONA

 

Durante la guerra civil, en la época del doctor José Ignacio de Márquez con motivo de las pretensiones del presidente ecuatoriano Juan José Flórez de quitarle a nuestra patria los territorios que hoy forman los departamentos de Nariño, Cauca y Valle, se estableció en la Villa de las Palmas, o Purificación, un Comando General, donde concentraban gentes de distintas partes del país.
Uno de sus capitanes, de conducta poco recomendable y que encontraba en la guerra una aventura divertida para desahogar su pasado luctuoso de asaltos y crímenes, se instaló con su esposa en esta villa, que al poco tiempo abandonó para seguir en la lucha.
Su afligida y abandonada mujer se dedicó a la modistería para no morir de hambre mientras su marido volvía y terminaba la guerra.
Al correr del tiempo las gentes hicieron circular la noticia de la muerte del capitán y la pobre señora guardó luto riguroso hasta que se le presentó un soldado que formaba parte del batallón de reclutas que venían de la capital hacia el sur, pero que por circunstancias especiales, debía demorar en aquella localidad algunas semanas.
La viuda convencida de las aseveraciones sobre la muerte de su marido, creyó encontrar en aquel nuevo amor un lenitivo para su pena, aceptó al joven, e intimó con él.
Los días de locura pasional pasaron veloces y, nuevamente la costurera quedó saboreando el abandono, la soledad, la pobreza y sorbiéndose las lágrimas por la ausencia de su amado.
Aquella aventura dejó huellas imborrables en la atribulada mujer, porque a los pocos días sintió palpitar en sus entrañas el fruto de su amor.
El tiempo trascurría sin tener noticias de su bien amado. La añoranza se tornaba tierna al comprobar que se cumplían las nueve lunas de su gestación.
Un batallón de combatientes regresaba del sur el mismo día que la costurera daba a luz un niño flacuchento y pálido.
Aquel cuartucho silencioso y pobre se alegró con el llanto del pequeñín.
Al atardecer de aquel mismo día, llegó corriendo a su casa, una vecina amiga, a informarle que su esposo el capitán, no había muerto, porque sin temor a equivocarse, lo acababa de ver entre el cuerpo de tropa que arribaba al campamento.
En tan importuno momento, esa noticia era como pare desfallecer, no por el caso que pocas horas antes había soportado, como por el agotamiento físico en que se encontraba. Miles de pensamientos fluían a su mente febril. ¿Qué le diría al iracundo esposo cuando le preguntase de quién era aquel niño?. ¿Lo convencerla de la noticia que circuló sobre su muerte?. ¿Aceptaría su falta justificándola a su estado de soledad y abandono? ¡No!. Ella lo conocía muy bien. Era un hombre duro y cruel. ¿Llegaría a su vivienda aquella noche...? ¿Demoraría en llegar...? ¿Qué hacer...? ¿Esperarlo?. Pero... ¿Si en su ira demoníaca le llegara a matar a su hijo? ¡Nooo! Pobre pedazo de su corazón atormentado...! ¡Qué horror...! Ella no lo soportaría..
Ya su cerebro era un volcán en erupción... Ya no reflexionaba. En su mente débil se forjó una idea: ¡Huir!... Sí, Huir... Se levantó decidida de su cama. Se colocó un ropón deshilachado, sobre sus hombros, cogió al recién nacido, lo abrigó bien, le agarró fuertemente contra su pecho creyendo que se lo arrebataban y, sin cerrar puertas ni ventanas abandonó la choza, corriendo con dificultad. Se encaminó por el sendero oscuro bordeado de arbustos, y protegida por el manto negro de la noche.
Gruesas gotas de lluvia empezaron, a caer.., seguía corriendo... ¿hacia dónde...? ¡Ni ella misma lo sabia...! Los nubarrones eran más densos.., seguía lloviendo... La tempestad se desató con furia. La luz de los relámpagos le iluminaba el camino. La naturaleza se sacudía con estertores de muerte. La demente lloraba. Los arroyos crecieron.., se desbordaron. Al terminar la vereda encontró el primer riachuelo "fuera de madre", pero ya le mujer no veía. Penetró a la corriente impetuosa que la arrolló rápidamente. Las aguas bramaron. En sus estrepitosos rugidos parecía percibirse el lamento de una mujer... ¡Ay... mi hijo...! ¡Ay... mi hijo...!
Pasó la tormenta y sólo quedó flotando en el aire frío y erizante el "graznido del trespiés" entre la copa húmeda de uno de los caracolies de la orilla de la quebrada. Era el canto agorero del ave que anunciaba una desgracia.

 

 

 

 

ANECDOTAS SOBRE LA LLORONA

 

 

 

 

 

Don Polo, el que se las sabe todas en materia de dichos, coplas y leyendas, llega para dialogar sobre la Llorona.
- Don Polo, hoy tenemos un tema muy interesante: La Llorona.
- Interesantes son todos los que hemos tratado. Yo no alcanzo a calificar cuál es superior a otro, porque sus hechos y narraciones nos han hecho felices y fue parte de la vida de nuestros mayores.
- Así es, don Polo. Quiero decir que como la leyenda tuvo su origen en Purificación y usted vive en Papagalá que es vereda de la Villa, conociera mejor sus episodios.

     

 

 

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El anciano cavila un rato, saca su tabaco, lo enciende y por fin responde:
- En cuanto a cachos de mi tierra me sé una caterva! Lo que pasa es que usted se contenta con dos o tres que yole narre.
- Tiene usted la razón, don Policarpo. Es que para enseñar o contar, con un ejemplo basta, no ve que uno de sus refranes dice..."para muestra un botón"?.
El anciano se ríe y agrega:
- ¡Ah! ¿Pero es que ya seta aprendido mis ensaladillas también?. Eso me alegra. Pues verá: cuando yo estaba mocito, que ya había cambiado de voz, me echaba mis escapaditas tarde de la noche y para que no me pescara mi padre, regresaba "a la madrugada grande", antes de que el viejo y mi mamá se levantaran.
- ¡Aja! Conque usted hizo sus pilatunas de joven.
- Eso es lo que uno hereda. Y... como yo no era ningún mandado a hacer... pues me divertía mucho, además, estaba en la edad de la locura.
- Siquiera confiesa su pecado. ¿Y qué le sucedió a esa edad?.
- ..Pues que yo me habla sacado una muchacha con palabra de matrimonio. En la casa nadie sabía, porque yo la visitaba era de noche. Claro que yo no pensaba cumplirle, sino esperar a que naciera el niño para llevarle el nieto a los viejos. Una vez que estaba la noche tormentosa venia para la casa y al pasar frente a la laguna de " Las Animas" oí un chapaleo como de gente bañándose. Me detuve y tercié hacia el charco para ver si era un loco que a tales horas se aventuraba allí, y vi la figura de una mujer sumergida, que tenía un niño entre los brazos pero no con actitud de bañarse. Los contemplé un rato y luego grité:
- ¿Oiga, señora, se le ofrece algo? ¿Qué le sucede?. "Al momento me contestó'': ¡ Mi hijooo! ¡Mi hijooo! ¡Qué hago con mi hijooo!. Cuando yo le iba a contestar que si estaba enfermo, vi que se consumía como tragada por las aguas, para reaparecer en la orilla, cerca donde yo estaba.

 

 

- Con seguridad que esa era la Llorona...'
- No me interrumpa, señorita! El susto fue espantoso cuando vi su rostro como una calavera y el brazo libre y huesudo. Yo me espanté y salí corriendo 'como alma que lleva el diablo", y de dos zancadas estuve en mi rancho más muerto que vivo, no sólo por el susto sino por la mojada que recibí en medio de la tempestad. No pude dormir. Me parecía ver el espanto de la mujer andrajosa y desgreñada agarrándome con el brazo huesudo. Al día siguiente busqué a mi abuelo y con algo de timidez le fui sacando de quién se trataba. Ya con más confianza le fui contando lo sucedido la noche anterior. El por animarme, me fue refiriendo lo que le había acontecido en sus mejores años.
- De manera que su abuelo fue andariego?.
- No solamente andariego sino enamorado y derrochador. Me contaba que cuando ya estaba casado y tenía seis hijos, conoció en la feria del pueblo a una joven que aunque no era bonita, sí era atractiva e insinuante. Le buscó casa en arriendo y se quedó viviendo con ella en el poblado. Abandonó el hogar y no volvió a preguntar ni por los hijos. Derrochaba a manos llenas para darle lujo y placeres a la vampiresa. Cuando los ahorros se agotaron, la metalizada mujer lo abandonó dejándolo en el colmo de la desilusión.

 


- Su abuela se impuso de todo?.
- Como era tan buena, los vecinos la querían mucho y no veían con buenos ojos la conducta de mi abuelo y algunos llegaron a contarle el lujo que le daba a la meretriz.
- Cómo hacia la señora con .seis hijos y sin recibir salario ni mercado?.
- Ellos poseían nueve vacas que ordeñaban todos los días; así tenian la leche para el gasto y otras veces se cuajaba para hacer almojábanas, porque mi abuela horneaba dos veces por semana. Algo vendía para comprar lo que hiciera falta. La carne se la regalaba un hermano que era matarife.
- Valiente la señora, ¿verdad?.
- Las mujeres campesinas han sido valientes en todos los tiempos; labran la tierra igual que el hombre; recogen la cosecha; pilotean una canoa lo mismo que montando un potro; lavan, plancha, tejen, pescan y mil trabajos más.
- De eso estoy convencida desde que soy Maestra Rural. He seguido paso a paso sus faenas y obligaciones; he compartido sus tristezas y alegrias he llorado, he rezado he gozado con ellas.., y seguiré haciendo gran acopio de sus virtudes y heroicidad.
- Pero... ¡Caray señorita! ¡Yo pensé que usted como persona instruida no apreciaba a los pobres campesinos...! __El anciano dejó escapar una carcajada de satisfacción....... Me siento muy feliz al comprobar lo contrario.
- Me agrada que lo comprenda y lo compruebe. Mientras más cultura tenga una persona, es más comprensiva con sus semejantes. Trata de nivelarse con quien la rodea, bien para disimular sus defectos, como para ayudar a resolver sus problemas.
- Caramba. señorita! ¡Esta no la tenía yo prevista! ¡De razón que aquí en la vereda la aprecian los niños y los viejos...!
- Yo les agradezco mucho el aprecio que me tienen.., pero, sígame contando de su abuelo.
- Como lo único que le quedaba era la cabalgadura, desilusionado y meditabundo se puso a ensillar. ¡Quién sabe en cuántas cosas pensaba!. Seguramente en la cara acusadora de mi abuela y el gato despectivo de los hijos. Por fin se montó. Llegó a una cantina, se tomó sus "chirrinchos" y ya tarde de la noche se encaminó a la casa. El paso por "Charco Hondo" era miedosísimo, pero como el viejo era valiente, con los traguitos se sentía más animado. Su propósito era llegar tarde, cuando todos estuvieran dormidos para que no le vieran la cara ni le pelearan. Pero..., como "Dios no castiga ni con palo ni con rejo, sino con el mismo pellejo", Iba muy embebido en sus pensamientos, cuando oyó "tamborear" y zabullir en el charco, pero no veía persona alguna bañándose. Cruzó la quebrada mirando fijamente hacia ''la moya" y como no vio gente, resolvió desmontarse y bañarse la cara para despejar el cerebro y disimular el agotamiento de los párpados. En el mismo instante oyó que decían: ¡Ay! ¡Ay... ¿Dónde está mi hijo?. Por aquí lo eche... ¿dónde lo encontraré...? Luego siguió llorando que daba compasión...
- Pero..., su abuelo no se dio cuenta de que se trataba de la Llorona?.
- El con el embotamiento, no se percató. Claro que tenía una ligera idea sobre el fantasma, por lo que había oído comentar a algunos trasnochadores de aquel lugar, pero él no lo creía. Además, como él era un hombre muy cumplido y juicioso, no se le habla presentado la ocasión. Los ayes lo conmovieron y, cuando estaba amarrando el potro para ir a ayudarla, llegó cerca a él. Apenas la sintió tan próxima, y bajo la oscura sombra de la noche distinguió la calavera, del susto cayó al suelo y, ahí si fue Troya'', porque la mujer, mientras con una mano sostenía y agarraba el bultico de trapos contra su pecho, con el otro brazo, largo y huesudo le arañaba la cara diciéndole: "¡Mal hombre...! ¡Infiel! ¡Perverso! ¡Cruel ¡Le parece nada abandonar a la esposa con sus hijos sin importarle el hambre y los sufrimientos que padezcan, mientras el muy insensato malgastaba el dinero con otra...! ¡Atrévete a repetir la mala acción..." ¡El, entre aturdido y sonámbulo dizque le contestó: "¡Se lo prometo...! El fantasma volvió al agua zabullendo rápidamente.
- ¿Su abuelo perdió el sentido por completo?.
- Fue cosa de segundos... fue un desvanecimiento sin consecuencias graves, ante ese espectro espeluznante, a tan altas horas de la noche, oyendo sólo los grillos y el monótono grito del búho. Tan pronto mi abuelo recobró el sentido, montó nuevamente, con más temor todavía porque volvían los recuerdos de la familia ante los arañazos de la cara y el cuello que le demostraban el castigo merecido.
- Al día siguiente qué le dijo la familia?
- Nadie le dirigió la palabra. Los hijos se asustaron al verle la cara arañada; la esposa se entretuvo en la cocina, todo el día, con el horneo y no le dijeron siquiera "negros tenéis los ojos''
- Inteligente y comprensiva la señora ¿verdad?.
- ¡No tanto! Estaba brava y sentida porque creía que la voluptuosa muchacha era quien lo había señalado; pero luego mi abuelo, charlando con los peones les relató lo del susto del "charco" y así se impusieron en la casa del castigo que le propinó La Llorona,
- Muy Interesante sus relatos, don Polo. Todo me parece un sueño con pesadillas.

 

 

 

 

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LA LLORONA NARRADO POR CHUCHO HERNÁNDEZ

 

 

 

 

Póngale usté cuidao! La Llorona dizque fue una muchacha que taba enamorada de un señor que era casao. Entoes dicen que ella... que los papases de ella no sabían que ella andaba pu'ai con ese señor. Entoes ella se veía con él a escondidas de los viejos. Una noche ¡tarde la noche!, serían como las doce, una'e la mañana, salió ella a verse con el tipo en un punto que llaman La Virginia onde ellos se veían todos los días. Entoes ella hizo como un bulto así con la almuada, ¿sí?, pa' que los papases creyeran que'lla taba ai durmiendo, y cogió camino pa' vese con el tipo. ¡Bueno! Entoes llegó a La Virginia y ai taba el tipo esperándola, que no sé qué, que esto y lo otro... y pues la china resultó embarazada, ¿jm? Y dijo, dizque la china dijo: "¿Y ora qué voy' hacer?" Y el tipo, como el tipo estaba casao, dizque le dijo: "Mire que no sé, que mejor dejamos así, que mi mujer tal cosa y tal otra".

 

Entoes la china... la muchacha quedó así como medio loca porque los papases la iban a regañar y entoes dijo: "Lo que es yo les digo que me voy puallá pa' onde mi tía unos meses a trabajar y después me devuelvo". ¡Pero eso eran mentiras porque lo que'lla quería era que ellos no supieran lo del chino! Y dizque les dijo: "Me voy pa' onde mi tía a trabajar, que esto y lo otro". Y ella cogió camino, ¡pero no pa' onde la tía, sino pa' onde una amiga que sí sabía tu'el cuento della con el tipo casa o! ¡Bueno! La muchacha cogió pa' onde la amiga y... pues puallá pasó el tiempo hasta que ya nació el chino. Entoes no jue ella sino ver el pelaíto (dizque tenía la misma cara del tipo, o sea, del papá del niño, ¡era la misma vaina!)... Pa' volvese loca. Entoes dizque cogió el niño como a medianoche (taba recién nacidito!) y arrancó pa'l lao'el río, que venía todo aguatudo porque no había hecho sino llover... y salió ella en medio de una tronamenta la verraca y cogió pa'1 río y dizque echó al niño, que tuavia no taba bautizao, en un crespadal diagua muy tremendo que había abajito'el puerto. Y cuando lo oyó llorar, dicen que ella se arrepintió de haber echado el pelaíto alagua y dizque se puso a llorar y se botó detrás pa' sacalo. Los dos se ahogaron. El chino no apareció, y a ella la incontraron pual1á'bajo, como a los dos díás. Entoes dizque ella se volvió... que mi Dios la castigó por toda la eternidá a andar buscando el hijo en todos los ríos y quebradas. Ese es... de ahí viene el asunto ese de la Llorona.
Ya le digo... ¡Póngale bien cuidao! Resulta que una noche tábamos pescando con un señor que llamaba Demetrio, ¿sí? Eso estaba cogiendo buen pescao esa noche: nicuro, bocachico, moino, tu'esa vaina, ¡harto pescao! ¡Bueno! Tábamos con el señor este en esas y... pues nos tocó armar el campamento pa' quedanos ai esa noche. Entoes nos pusimos hacer la comida y a conversar vainas ahí, que no sé qué, que sí sé más. Comimos y ya tarde la noche, pu'ai como a las doce, una, dos de la mañana... tábamos conversando los dos, pendientes de ir a mirar unos anzuelos que habíamos dejado ai en una moya que había, cuando es que se arranca una vieja a llorar en tu'a la mitá'el río. Entoes el cliente que taba conmigo ai... Deogracias dijo: "¿Y esa vaina? ¿Quién será esa señora que viene llorando pu'ai?" Dije: "¿A estas horas? ¡Qué vieja va haber pa'ai!" Él dijo: "Eso debe ser la mujer del finao don Luis Rodríguez. ¿No que la pobre quedó solita con tu'esos pelaítos?" Cuando en esas... ¡vuelve a llorar la vieja esa! ¡Más cerquita! Y me quedé mirándolo a él, al compañero, y eso se le pararon los pelos así. Eso quedó como un puro cepillo, con los pelos todos paraos así!
¿Ve? Yo me puse todo medio treneso y dije: "¡Eso no es ninguna vieja! Esto no es cosa buena... esto es opción mala". Entoes Demetrio dijo: "Yo no sé, mejor tirémosle busca a la vieja a ver. ¿Qué tal que de pronto sea una señora que se cayó pu'ai?"
Y así fue. Yo cogí pa'rriba, y él partió pa'bajo. Y busque y busque y nada. ¡Y esa vieja llore que llore, llore que llore! Al rato volvi'mos pa'l campamento y dije: "¿Sí la incontró?" Dijo: "¡Nada!" Y la vieja esa tu'avía llorando pu'ai en medio'el río, pero más pasito, pasito así, hasta que ya no se oyó más. ¡Pero eso duró como una hora pa' callase hasta que se jue! ¡Bueno! Entoes dije: "Demetrio, eso no jue ninguna vieja pu'ai; eso fue busión mala. ¡Eso jue La Llorona que nos hizo este tiro!" Dijo: "Hasta'quí jue la pesca. ¡Vamonós!" Entoes recogimos los chiles, los anzuelos y el bastimento y nos vinimos pa'l pueblo.
Eso jue positivo. ¡Esas hay! La Llorona se aparece ai en los ríos y en las quebradas tarde la noche, onde le tira busca al hijo que se le perdió. Yeso es llore que llore, y se queja y llama al hijo... ¿Cómo se llamaba? ¡Juan! Quesque llamaba Juan. Y dizque sólo dejará de andar pu'ai llorando hasta qu'incuentre el último güesito del hijo. Pero como el chino no se sabe a ónde jue a parar, entoes quién sabe si incuentre elgüesito. De manera que La Llorona seguirá buscando puallá al Juan por tu'a eternidá.
El modo de llorar de La Llorona es... haga de cuenta vusté una mujer llorando. Lo mismo que una mujer que se le murió el marido o un hijo. ¡Pero eso es más duro! ¡Esu'es un llanto muy terrible! ¿No? Tarde la noche la oye vusté llorar pu'ai en la mitá del río o en una quebrada, y va vusté a mirar... y ¡nadie! Ese es el sistema de La Llorona. Ya le digo...

 

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