Celebrando 10 años del Colegio europeo de Ibagué.

La Muelona

 

 

lamuelona

      

 

 

 

 

Es un endriago, vespertino del llano y la cordillera. Las horas preferidas para salir a los caminos son de las seis de la tarde a las nueve de la noche.


Dicen que es una mujer bonita de largos cabellos, ojos electrizantes, una dentadura como de fiera que destroza fácilmente lo mismo aun ser humano que a una vaca o un caballo. Como la dentadura la exhibe siempre, parece que estuviera continuamente riéndose. Prorrumpe unas carcajadas estridentes y destempladas, haciendo estremecer la zona donde se halle.
Las gentes ya sean del pueblo o del campo le tienen un pánico desmedido, porque a los caminantes se les aparece en un recodo del sendero, o contra los troncos de los árboles añosos, a la manera de una mujer muy atractiva y seductora, pero que al estar unidos en estrecho abrazo, los tritura ferozmente.

 

 

Casi siempre persigue a los jugadores empedernidos, a los infieles, a los alcohólicos a los perversos, fementidos y adúlteros.
Los prevenidos, que tienen conocimiento de las maldades de este endriago, llevan consigo el escapulario de la Virgen del Carmen, o las medidas del Santo Cristo y la medalla de San Isidro.
Los campesinos dicen que los hogares que se libran de ella, son los que tienen niños reden nacidos, o mujeres que van a ser madres.

 

 

LEYENDA DE LA MUELONA

 

Cuentan los cronistas que en la Epoca de la Colonia, se diseminaron por el país las mujeres españolas, que aunque muchas eran buenas, el resto era de pésimos antecedentes. Algunas de estilo gitana eran perversas corruptoras que ocasionaron perjuicios lamentables a familias modestas, engañando niñas inocentes y arruinando a hombres que poseían cuantiosas fortunas.
Una de tantas, con el mote de "Maga", estableció su negocio resolviendo consultas amorosas, arreglando, o mejor, desbaratando matrimonios, echando e! naipe, leyendo las lineas de la mano, en fin, todo lo que fueran artimañas. Cuando conoció mucha gente y tenía mucha clientela, ensanchó el negocio con una casa de diversión; allí conquistaba cándidas palomas y limpiaba los bolsillos de altos representantes del rey de España, no dejando de lado "los criollos" más adinerados.
La suma de atrocidades cometidas por la pérfida mujer fueran incontables. Ella enseñó a las jóvenes a evitar la maternidad; cayó la ruindad en centenares de hogares; se acotaron ingentes fortunas y vino como consecuencia la depravación, las enfermedades venéreas y esposas abandonadas.


Cuando murió la disoluta maga', la casa se llenó de un olor nauseabundo, hasta el punto de tener que abandonarla inmediatamente.
Una de las mujeres preferidas por la muerta se arriesgó a quedarse aquella noche para recoger algunos utensilios, trajes y joyas.
Apenas apagó la bujía para acostarse, una bandada de vampiros invadió la estancia y una voz cavernosa se oyó en el dormitorio: tengo que vengarme de los hombres jugadores y perniciosos ¡Malditos...! ¡De las mujeres livianas y descocadas...! ¡Malditas...! ¡Fueron mis victimas en la tierra...! ¡Lo serán conmigo en el infierno... ¡Soy la Muelonaaa! ¡Óiganlo bien...! ¡Malditos... ¡
La indefensa mujer no podía prender el candil porque el aleteo de los quirópteros apagaban la yesca, a la vez que le azotaban la cara. Ya desesperada y horrorizada salió gateando a la calle, para contar alarmada lo que acababa de presenciar.
Las autoridades tuvieron que prender fuego a la casa maldita, para dar paz y tranquilidad a los vecinos quienes vivían inquietos y mortificados con aquella casa de escándalos y vicios.

 

 

ANECDOTAS SOBRE LA MUELONA

 

- Don Froilán, hoy quiero que me cuente algún episodio sobre la 'Muelona". ¿Usted la ha visto?
- En partidamente yo no, pero Cuncio, el amansador de la hacienda El Suspiro tuv'un íncuentro con eya que le costó la vida.
- ¿Y cómo fue eso?
- Era quel condeniyo vivía entregao por completo al juego'e los daos y al naipe, Cuanta lupia ganaba la golvia'postar. Conoció docenas d'hatos y de todos jue'chao por el maldito vicio. Abandonó d'un too la jamilia porque no te quedaba tiempo pa verlos nipa darles un cuartiyo. La mujer tuvo que concertarse en la hacienda, u en casas de ricos pa trabajar por días, lavando, cocinando, aplanchando, horniando pa poer yervarles el bocao'e comida a los pobres muchachitos.
- ¡Era muy desentendido e irresponsable...!
- Jmmmnn...! ¡Por el maldito vicio! Al pobr'ihombre no limportaba deligencia urgente del patrón, dende que se topara con otro camarada, tender la ruana en la mitaá'el camino y jugar hasta la media noche o la madrugaa pa desquitarse.
- ¿En caso de que ganara algo en el juégo, si le llevaba algo a la familia?.
- Ni creiga. L'uinvertia prestico en seguir jugando. Ya la mujer y los guámbitos no tenían mudita'e ropa pa cambiarse... podía saber questaban virínguitos qu'ia él no importaba en asoluto.
- ¡Cómo puede haber padres desnaturalizados que desatiendan sus obligaciones!.
- ¡Comueste abundan en el mundo entero! Permitame le sigo contando: los vaqueros, los piones, el patrón, las muchachas del servicio le decian: "¡Cuncio ajuiciate! Miré que tus hijos tan enjermos y desnuditos... tu esposa ta enjerma grave, no tiene quen la cuide. ¿No te remuerde la conciencia? Mirá que di pronto se le presenta "el patas" y'el si t'ihace pedir cacao...!" El muy sinvergüenza replicaba: ¡que 'patas' ni qué "demonios"! ¡Esos son chisme pa tontos que creen hast'en "los rejos de las campanas"! Yo no creigo ni en el cielo ni en el injíerno. ¡ Que más injierno quel que tamos pasando en este mundo?.
- ¡Era un empedernido sin sentimientos!.
- Algo más señorita. Resulta quen la verea se murió el hijo del mayordomo y'el patrón mandó a Cuncio al velorio pa que yevara aguardiente y'unos cirios. Salió a todo galope pero al yegar a la loma "el samán", vido una mujer acurrucaa sobrel gramal verdecito. Cuncio rastriyó la bestia frente a la mujer y le preguntó pa ondeiba. Eya le contestó qui'a buscar a Cuncio, el amansador pa jugar a los daos". El medio asustado le dijo: "Da a casualidá que yo soy el que vusté busca... y si es ques güena pal juego y cargarta platica, echemos suertes... Di'un solo salto cayó al suelo, tendió la nana y comenzaron. La mujer le alvirtió. ¡Esta bolsa le traído jart'e moneas dioro para jugar y'apostarla esta noche. Repárelas!". El codicioso jugaor abrió la talega y'al ver esas morrocotas que briyaban requetelindo, las sobaba y las acariciaba con'unas ansias de quedarse con eyas, hasta sei'i humedecieron los ojos al considerar las veces gui habia ambicionao conocerlas, dende quen l'escuela habia óido la historia e los indios que se bañaban en polvo d'ioro y'enterraban las múcuraas de morrocotas. Se jrotó las vistas creyendo questaba soñando, peru'al darse cuenta quera la mesma realidá, senderezó con más alientos y juertes deseos de ganarle a la desconocía.
- ¡Jesús nos ampare, don Froilán! ¿Se puso a jugar y no fue a cumplir la orden del patrón, en un caso tan urgente?.
- El tal desalmado no 'importaba el dolor del prójimo ni el cumplimiento'e las obligaciones. La mujer s'hizo la perdedora, y por ay comu'a la madrugaa grande entregó la bolsa diciéndole: "Ni con tu'o el oro del mundo te saciarás, ni te servirá pa curar tu mal''. En un'abrir y cerrar d'iojos desapareció con'una carcajada comu salid'e los projuntos injiernos, haciéndole olvidar a! vicioso el destino que yevaba.
- ¿Y Cuncio Qué hizo con el oro?.
- Agarró bien la bolsa, se montó y se golvió al hato pa contar bien las moneas. Puel camino pensó decile al patrón que no l'iba a trabajar más porque ya era más rico quel. ¡Iba dichoso! ¡No se cambiaba por naides en la tierra! ¡Taba 'más contento qui'un boguinche tocando jlauta!.. El questaba en estas cuando echó a notar quel peso e la talega aumentaba hasta tener que ponerla encime la silla porquel brazo se le resestia. A lo que yegó jrente al cuert'e los aperos a demontárse se cayó del peso tan inorme. Dentró y'encendió el candil, tendió la ruana pa contar la ganancia d'esa noche de güena suerte. Sacudió la talega y rodaron unos discos negros que al cogerlos taban calientes. En el mesmo momento se entumieron las manos y los brazos hasta no poder moverlos. ¡Ay si le dentró la terronera!. Eso si era "quedar como la car'e los puercos". Le dio un erizamiento de pensar que con las manos dormías no podía golver a trabajar domando los potros ni echando los daos. Ahi si queó 'sin la soga y sin la ternera". Antonces si le sobrevino un yelaje tan jeo que si'acurrucó a echar caletre de los años que yevaba jugando...; del tiempo que no vela a su mujer ni a sus hijitos. ¡Pobres injelices! ¡Cuánt'hambre y jrio tarian padeciendo...! ¡Bruto quera! Cuántos miyones habla ganao... y cuántos habiá perdió!. Si pudiera hacer las cuentas... con to'eso haberla comprao una casa grandotota con tuas las comodiades... ¡ya sus hijos mayorcitos tarian estudiando en los culegios ond'entudiaban los ricos...! ¿Quéra lo que l'ihabia pasao? ¿Por qué demónchiros no via óido los consejos del patrón, de sus amigos que lo querían de verdá?. Taba en estas cavilaciones cuando dentraron los ordeñadores, peones y vaqueros y lo toparon como atontao. Eyos le preguntaron quí'onde s'ihabia metio que no lo vian visto en el velorio del hijo el mayordomo. Pobre Cuncio! Ahí mesmo sintió que se lo vía tragao la tierra!. Si acordó y lanzó un grito desesperao que dispertó al amo quen corrió a injormarse qué pasaba. lncontró a Cuncio revolcándose y'azotándose contra las paredes, ya que los brazos los tenía como muertos. Entre todos lo pudieron dominar, le dieron a beber una pócima de yerbas hasta que se quedó dormido.
- ¿Hasta ese momento nadie sabia lo que le había sucedido?.
- No. A lo que dispertó le contó al dueño tal y conjorme. El amo trató de consolarlo, pero como s' incontraba enválido pal trabajo, se puso a yorar comuna Mandalena diciéndole qui'hora cómu'hacia pa trabajar y sostener la jamilía. El patrón estayó con una carcajada de burla reclamándole ¡cuándo se habla él priocupado por eyos manque hubiera ganao miyonaas de plata...! Que cuándo s'ihabia acordao de comprarles una mudita ní'a la mujer ni'a los hijos! Que el tiempo de gravedá de la esposa nan siquiera si habia cercao a yevarle una medecina. Que le diera el adiós a los potros, a los rejos y'a las siyas, porque es u era prueba que mi Dios le mandaba pa'que pagara su incredulidá y su jalta de responsabilidá.

- ¿Qué actitud tomó después?.
- Ya en el rancho, viéndose baldo, los muchachitos en la miseria, la mujer tan sumisa y resinas tenis que seguir trabajando los días y atenderlo a él dándole de comer y vistiéndolo. El se quedaba con los menorcitos que n'uhacian sino yorar. Aquel cuadro partia'lalma: unos gúipas barrigones y esqueléticos sucios y hambrientos. Para el pobre hombre, el día se l'ihacia un año hasta que golvía la mujer. Ahí si que consideraba a la pobre esposa...! ¡Sentia asco, jastidio, aburrimiento en medio'e tanta pobreza!. En este desespero le golvió a repetir el ataque hasta perder la razón. Entre sei; peones lo sujetaron y lo yevaron a la cárcel del pueblo pa poderlo dominar con griyos y cadenas, mentras hacían las deligencias pa mandarlo al manicomio'e Bogotá.

 

- ¡Qué triste fin tienen los viciosos..!.
- ¡Y pensar qu'iuno le cuenta'stas cosas a los hijos y'a los amigos y no le creén a uno naa...¡ Se riyen y se burlan d'iuno diciendo queso, jue en tiempos pasaos, cuando la gente era tonta, qu'ihoy hay tanto adelanto en la civilización queyos se gobiernan solos.
- Como si el vicio se fijara en la edad. Por eso los que no reciben consejos ni saben educar su voluntad, llegan al precipío hasta caer en él, y, de alli sí es difícil sacarlos.
- Asina es, señorita. Dios proteja nostra jamilia...!
- Otra pregunta, don Froilán: según la leyenda de la Muelona, dicen que persigue más a las mujeres que a los hombres, ¿es verdad?. .Cobra venganza a las mujeres que comercian o negocian como lu'hizo eya, en asuntos de'perdición. En cuanto a los hombres, en partidamente persigue a los jugadores irresponsables com'uel de m! cuento.
- ¿Sabe de algún caso particular con alguna mujer?.
- Mi agüelo me contó el caso d'iuna dama encopetaa, d'esas pretenciosas y créidas qu'iabundan en las ciudades...
- ¡Cuénte, cuénte que no tengo ni idea...!
- Ques quera una señorita que pertenecía a eso que yaman cren, por eso dentraba a la casa del gobernador lo mesmo quia la del cura, a la del alcalde, a la del obispo y en jin, a tuesas casas de perijolios. Se le véia en las procisiones, en los desjiles y'en las jiestas perchúas de los ricos.
- ¡Hasta ahora, no le encuentro nada reprochable en su conducta...!
- No s'i ajane, que a lo que termine, pensará distinto. La tal y por cual era la hija mayor de'una jamilia en quel taita había muerto. Eya tuvo que pensar cómo trabajaba pa ponerse al jrente de diecisiete personas. Caviló y cavil hasta que vido aquel negocio que más plata daba era el de las casas de mujeres alegres. Buscó dos administradores: el uno pa'la cantina y'ei otro pa vigilar a las muchachas. La dueña iba'l negocio tarde'la noche a recoger las lupias diarias pal sustento'e la jamilia. Pa que no la conocieran se disjrazaba'e gitana, porque comuera elegantona le sentaba bien.
- ¿Utilizaba coche..., o se dirigia a pie?
- A pie, porque la casa quedaba cerca'l negocio. Cuando yevaba com'un año destar juncionando el negocio com'uen ese tiempo no habla luces de bombiyos, un viernes qu'iba a cobrar, las cayes taban escuritas, cuando se i'iapareció una mujer acurrucaa en la primera esquina, pidiéndole limosna. Eya no l'hizo caso y siguió. En i'otra esquina taba la mesma pordiosera. Abrió la jaltriquera y sacó cinco riales y le dijo: ¡Qué raro quen la anterior esquina me pidió tu hermana gemela...!". Siguió y'el caso se repitió en las esquinas siguientes. Caviló un poco y de sopetón le dijo a la última: ¡Qué raro qui 'a las cinco hermanas les haiga dao por pedir limosna tan tarde'la noche!. La méndiga le contestó: "Es que semos quíntuples y todas muelonas. ¡Mireme bien! ¡Y abrió tamaña boca y le mostró unos dientonones como de jiera En después se desapareció.
- Con senmejante susto, la dama siguió cobrando de noche?
- Asina jue. Toos los viernes l'orguyosa cargaba moneasuelta pa darle a las mujeres, porque de seguro que la jastidiaban. Donde entonces no golvió a tener paz en la conciencia. El miedo y la inquíetú no la dejaban dormir. No s'ianímaba a contarle a los jamilíares por no avergonzarse, ni a las autoridades por temor a que supieran que'ya era la dueña de'sa casa de corrución. Yegó la Semana Santa y la jilímisca no tuvo miramientos ni respeto por esos días. El yiernes Santo taban los jantasmas aguardándola en cada esquina. La primer limosnera le dijo: "¿Quere que la'compañe?
- ¡Cómo sel'ecurre...! ¿Quién es usted?
- ¡Una'miga que tuvuel mesmo negocio suyo!
- ¡No si'atrevida! Mis amistaes son díjerentes!
Y siguió pa'otra esquina. El segundo jantasma le dijo: "Quero entregarle las limosnas que me dio el año pasao...
- Ah! se incontró una guaca?
En la tercer esquina le dijo:
- Quero decirle a vusté, quel dinero mal habio se guelve ceniza, lepra o cáncer!
- Qué me quere decir con eso?
- Que las casas de perversión no sol 'u hacen daño a las victimas que caen ayí, sino a los propietarios que pervienten tantas almas inocentes l
- ¡Pero yo no tengo trato con esa gente! ¡No los conozco!
Asina, paso entre paso, charla con charla, yegaron a l'esquina del vicio:
- Yo sé que a vusté le gust'el dinero como l'uhice yo...
- ¡Eso nu'es cierto! ¡Vusté no me conoce! ¡ No sia'trevia..!
- No si 'ajane que ya yegamos. ¿No ve com'uarde su negocio?
¡Busqui'otro modo d'ihacer jortuna! Yo cobro venganza a too el que negocea con las muchachas indejensas...! ¡Soy la Muelonaaa! Ahí mesmo soltó una carcajadota mostrando tamaños colmillos y despareciendo. La susodicha dama toa'sustaa cayó al suelo sin sentio. Las gentes corrían azaraas a'pagar el incendio la incontraron, la reconocieron y la yevaron a su casa, pa endespués dar parte a la'utoridá. Es visto que com'en aquel tiempo n'uhabia jotógrafos, ni radios ni los enriedistas que yevan la'laraca a los periódicos, no se injormaron presto, hasta quiapareci'ó en la prensa de Bogotá, y'ahi si quedó descubrido el tamal.
- Qué vergüenza para toda la familia! ¡Esta vida nos presenta casos verdaderamente raros!
- Asina es, señorita. La tal jamilia anucheció y nu'amaneció.
- Me ha dejado usted asombrada! ¡Es un episodio raro y escalofriante!
- Y pensar qui'hay personas que cométen cosas jeas y'uno no cree.
- Así pienso yo. Y... gracias, don Froilán por sus historias tan fantásticas!

 

 

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