Celebrando 10 años del Colegio europeo de Ibagué.

Origen del Mito

 

El conocimiento de la vida, como decían los dramaturgos griegos, es doloroso. No hay hombre que escape al dolor: cada cual carga en su memoria el sufrimiento. Como un péndulo, la vida se mece entre el placer y el dolor, aunque en ocasiones tarde más en uno de los extremos; de ahí el deseo de encontrar la felicidad o la placidez.

 

Son tres los elementos que dan origen al mito: en primer lugar, la distancia entre goce y sufrimiento, entre lo mucho deseado y lo poco o nada logrado; en segundo lugar, la certeza de que la muerte es inevitable; y en tercer lugar, los procesos intuitivos: el sufrimiento da noticia de la muerte, y en el goce surge la intuición de la eternidad. De ahí el nacimiento del mito como manera de asumir colectivamente un lugar o un tiempo que trasciende los límites aparentes.

 

Para llegar al mito, la vida debe cumplir un trayecto que parte de la experiencia inmediata:

. Experiencia inmediata. Para comprender el origen del mito como hecho cultural hay que ir al ejercicio de la vida. En un primer nivel de la experiencia están los momentos vitales, los objetos y hechos escuetos, dolorosos o placenteros.

. Valores. Los hechos de la experiencia inmediata se van decantando en la memoria. El gozo y el sufrimiento se convierten en impulso de la conducta, cuando las personas buscan consciente y voluntariamente repetir el primero y esquivar el segundo. Para ello es necesario que lo que se persigue y lo que se evita se conviertan en valores; es decir, pautas de la conducta humana, aceptables o repudiables.

. Fines radicales. Los momentos de dolor son una manera de recordar lo inevitable de la muerte; pero la muerte como tal, y no sólo la certeza de su existencia, está en un nivel que rebasa el de los valores: es un destino definitivo, un fin radical. La acción social es, en el fondo, búsqueda de fines radicales y de otros, como la tranquilidad y la seguridad. La muerte es un fin radical relacionado con el sufrimiento. Si en el sufrimiento se intuye la muerte, en el gozo se intuye la eternidad.

La muerte y la eternidad son fines radicales desconocidos: nadie que los haya experimentado se ha comunicado con quienes siguen viviendo. Rechazar profundamente uno, tan radicalmente como lo dicta el miedo, y optar por el otro, es la chispa que enciende el mito: este nace en la certeza de la muerte -y su rechazo- y en la intuición de la eternidad cuando se vive el gozo -y la inclinación por ella.

 

 

INCLINACIÓN CULTURAL Al MITO

 

La elaboraci6n de mitos es una tendencia de todo grupo humano, aunque no siempre los productos de esa inclinación, llamada por nosotros mitismo, alcanzan a ser mitos. Se trata de una propensión universal, por cuanto es universal la forma como todos los individuos decantan en la memoria y luego comunican sus experiencias vitales, de acuerdo con su importancia y su significado y, en particular, con las intuiciones de muerte o trascendencia que despiertan.

Por este camino las experiencias que cuentan, aquellas colectivamente relevantes, se van puliendo y perfeccionando en el cedazo del "boca en boca", hasta llegar a las elaboraciones concretas en la memoria que integran la totalidad de la experiencia en el orden trascendente de los fines radicales; es decir, a los mitos. Estos son elaborados por las colectividades en forma espontánea e inadvertida a partir de la decantación de la experiencia común en el tiempo. Según el psicoanalista suizo Carl Gustav )ung (1875-1961), las experiencias comunes a la humanidad entera generan estructuras psíquicas presentes en todos los individuos, que él llamó arquetipos, las cuales organizan las experiencias vitales en la misma forma y, ante situaciones similares, generan respuestas y comportamientos semejantes en todas las personas.
El mitismo opera como una energía integradora que permite descubrir la manifestación de valores humanos en los hechos de la naturaleza. Los sentimientos de pertenencia a la "tribu" que despiertan ídolos del deporte o del espectáculo, las narraciones que sobre estos se intercambian en el grupo, así como las creencias generalizadas sobre actores relevantes de la sociedad, son manifestaciones del mitismo distintas del mito.

 

 

FUNCIONES DEL MITO

 

Dentro de la amplia gama de tareas que cumple ,el mito en el marco de la vida social, se destacan las siguientes: opera como modo del conocimiento, como criterio de ordenamiento del mundo, como mecanismo que da sentido a la existencia, como instrumento que ofrece al hombre una guía de comportamiento y, finalmente, como medio que permite vincular la existencia con lo trascendente.

 

 

ES UNA FORMA DE CONOCER

 

El mito es un modo empleado por el ser humano para asimilar su experiencia en el mundo; es una forma de conocimiento que, antes que explicaciones sobre cosas en particular, busca comprender la existencia como un todo. La realidad que el mito plantea es totalizante: paisaje, familia, sistema social, tradición. Así conoce el mito: abarcándolo todo, organizando lo diverso en una unidad y, de ese modo, impregnando el mundo de sentido. A través suyo, el hombre se integra e integra el mundo.

El mito no demarca linderos, no apunta a particularidades sino a incógnitas radicales. No le importan, por ejemplo, las características evidentes del fuego, sino las pistas simbólicas que ofrece. En esa medida se erige como una manera de asimilar, un modo de transformar, conocer y representar simbólicamente el ser en el mundo.

 

 

DA UN ORDEN AL MUNDO

 

El conocimiento comprensivo del ser en el mundo que construye el mito abarca la totalidad de la experiencia y le da un orden en torno de tres ejes, que se presentan como uno solo: el natural, el humano y el sobrenatural. Por eso Cassirer a-Arma que "el mito pugna por la unidad del mundo"?, pretende una ordenación del caos, una organización de la complejidad.

Lo natural se conforma por hechos y cosas que llegan a la conciencia en forma de datos; lo humano está mediado por valores que regulan la interacción social; y lo sobrenatural materializa fines radicales de la existencia. La presencia simultánea de estos tres ámbitos en la realidad que muestran los mitos -por ejemplo, al presentar la naturaleza habitada de espíritus o personalizada- es el modo de expresar que todo responde a un mismo orden.

La personificación de la naturaleza, explica Tylor, se da por la "creencia en almas personales que animan incluso lo que llamamos seres inanimados [...] una sensación de multitud de seres espirituales que, a veces, revolotean por el aire, pero que a veces también habitan los árboles y las rocas y las cascadas, y prestan así su propia personalidad a esos objetos materiales"8. Estos hechos expresan una "relación mística" con la realidad, de acuerdo con Lévy-Bruhl, o una conexión con realidades que están más allá de la experiencia, como piensa el filólogo español Luis Cencillo.
El mito, siguiendo a Cassirer, busca una unidad, un ordenamiento del caos, sin hacer diferencia entre el todo y las partes. Así, por ejemplo, un hombre "está contenido en sus cabellos, en sus uñas cortadas, en sus vestidos, en sus pisadas. Cada huella que un hombre deja tras de sí es considerada una parte de él que puede tener consecuencias y poner en peligro a todo el individuo"9. No obstante, dichas explicaciones no deben ser tomadas al pie de la letra, porque se podría llegar a imaginar, como lo advierte el etnólogo alemán Ad. E. Jensen, a los hombres de las cavernas intentando comer las pinturas rupestres en las que ellos mismos retrataron animales, porque la "imagen es el todo". En el pensamiento simbólico no existe algo parecido a una "estupidez primigenia". Es evidente que el ciervo pintado no corre ni salta; sin embargo, hay una vinculación de carácter místico, o al menos mágico, entre uno y otro.

Así como el mito vincula las distintas cosas de la realidad, en el decir del filósofo francés Georges Gusdorf, reúne al hombre con ella: lo integra al orden totalizante, al universo mítico.

 

 

DA SENTIDO A LA EXISTENCIA

 

Cuando el mito confiere un orden al mundo, un orden que abarca al hombre, pone a este en relación con los demás hechos de la existencia -naturales y sobrenaturales-, dándole sentido. Dicho sentido depende de las relaciones del ser humano con lo natural y lo sobrenatural, expresadas por los mitos. Adicionalmente, al utilizar las cosas y hechos comunes para construir su mensaje, el mito vuelca su sentido sobre la experiencia vital en su totalidad. El filósofo e historiador de las religiones Mircea Eliade (1907-1986) subraya que todo hecho cultural, toda creación del espíritu tiene un antecedente mítico.

 

 

DA UNA GUÏA DE COMPORTAMIENTO

 

El mantener el orden, no romperlo -eje del sentido de la existencia- se constituye en un patrón de conducta para las personas. El ser humano, involucrado en tal orden, es puesto en relación, lo que le significa asumir responsabilidades y adoptar un código ético sustentado y legitimado por el peso de la experiencia. Por tal razón, el mito es también una guía de comportamiento. En esto coinciden los estudiosos: para Eliade, el mito proporciona modelos a las conductas humanas; para Malinowski, brinda una guía de comportamiento fundada en la experiencia; y, de acuerdo con Cencillo, a través de él las personas “saben a que atenerse”.

Las acciones de los héroes y los dioses sugieren un ejemplo a seguir. El mito irrumpe como la manera de hacer tangible una ética delineada a la luz de una búsqueda de plenitud, que no es otra cosa que el sentido "apostado", la garantía de la vida como continuidad imperecedera. La apuesta a un sentido de la existencia interpela la libertad del ser. El mensaje del mito aspira a que la acción de los individuos haga de lo posible una realidad. Todo mito quiere, en últimas, llegar a ser comportamiento.

 

 

VINCULA LA EXISTENCIA CON LA TRASCENDENCIA

 

El mensaje del mito de que todos los hechos de la realidad pertenecen a un mismo orden pone al ser humano junto a los hechos sobrenaturales que vencen los límites y la muerte. De esa manera, el mito trae la noticia de que no hay límites, ni siquiera la muerte; habla de la trascendencia como fin y sentido radical de la existencia; reivindica la condición eterna del hombre, sacándolo del tiempo lineal que le ofrecen los acontecimientos históricos, y le ofrece un camino de esperanza. Por eso, para Malinowski, el mito es una carta de validez de la fe y de la sabiduría moral, y para Cencillo, la manera de enfrentar las incógnitas universales que constituyen el desfondamiento radical del hombre. Por su parte, Eliade resalta en el mito la función de mantener la conciencia de lo trascendente a través de valores absolutos, modelos de todas las actividades humanas. Sólo observando las leyes de la divinidad se asegurará una posibilidad de trascendencia.

 

 

TIEMPO DEL MITO

 

Llanto y risa, goce y sufrimiento moran en la memoria: la intuición de la muerte y de la eternidad se funda en los recuerdos. La proyección y posibilidad de acceso al lugar y el tiempo de la felicidad adquiere, entonces, la forma de retorno, de regreso a los momentos de placidez que se recuerdan, a los que se rememoran borrosamente o a aquellos de los que sólo permanece la sensación visceral. Desde ahí, la intuición puede llegar a elaborarse en mito, en el cual el tiempo toma forma circular. Por eso, Eliade habla de un eterno retorno.

Por estas mismas razones, el mito es una apuesta de sentido. Se le apuesta a que aquellos momentos positivos de la vida son muestra de un espacio-tiempo que corresponde a un orden más allá de lo evidente. Pero así como el mito presenta una forma particular de tiempo, el circular, habla también de un tiempo primordial o anterior. Malinowski dice que, mediante el mito, ese pasado primigenio "influye desde entonces en el mundo y en el destino de los hombres"12. La idea de la influencia del tiempo primero está presente de manera similar en el pensamiento de Eliade, quien afirma que dicho tiempo se percibe como punto de referencia al cual se pretende retornar; el mito, entonces, responde a las cuestiones radicales mediante la promesa de un eterno retorno. Por su lado, Gusdorf dice que la tendencia que impone el mito es la de regreso a un pasado carente de tensiones que, de acuerdo con Jung, se traduce a la situación arquetípica de volver a la Madre: una proyección del ser a una dimensión deseable.

 

 

LENGUAJE DEL MITO

 

El mito debe cumplir la tarea de referirse a fines radicales; hacer
creíbles unos contenidos que no son sensibles ni evidentes; hacer pensable lo intangible y palpable lo invisible. Y, para hablar de esa realidad radicalmente lejana, inaccesible, recurre a lo más cercano, lo más concreto, lo más cotidiano. No hay otra materia prima para construir mensajes acerca de lo que no se ve, que lo que se ve. Así, e! mito termina hablando de los mismos lugares donde transcurre la vida de todos los días, de los mismos animales y plantas, de! mismo paisaje, de las mismas actividades, de las mismas personas: de la realidad misma.

Pero hace estallar los moldes de esa realidad. Las reglas comunes saltan en pedazos, debido a la fuerza demoledora de la fantasía: los caballos vuelan, las aguas se abren... Tal lógica de aparentes inconsecuencias, afirma Cencillo, es el recurso de expresión de lo inefable. La capacidad de superar una contradicción -la unio contrarium de la que hablaba Jung- es justamente una característica esencial del mito, explica el etnólogo francés Claude Lévi Strauss (1908). y la forma como esos contenidos llegan a ser creíbles y se comunican, dice Jensen, es la participación festiva de las personas en el acto de culto. Tales las particularidades de un lenguaje mítico que, a juicio del historiador y jurista suizo Johann Jacob Bachofen (1815-1887), es la lengua primordial y, por ende, actual, al ser la lengua del símbolo.

Para comunicar mensajes similares a los del mito, cabría la posibilidad de la abstracción filosófica o teológica, pero esta es ajena a la elaboración espontánea y pragmática de la colectividad, propia del mito.

Con el fin de expresar su mensaje, el mito recurre a mecanismos de comunicación que se pueden agrupar en tres niveles que responden a los niveles de decantación de la experiencia:

 

 

EL SIGNO

 

Las cosas y hechos escuetos, es decir, los datos, se representan mediante signos: elementos, como palabras, que identifican directamente a otros objetos. Sin embargo, los elementos que aparecen en los mitos no son nombrados en el relato como simples partes del paisaje, de la escenografía: están cargados de sentidos múltiples, en la medida en que poseen un interés real para la gente de una comunidad.

 

 

LA ALEGORÍA

 

Aunque los valores no son desconocidos, sí son difícilmente representables, y por eso se muestran a través de alegorías: construcciones mentales en las que mediante la confluencia de varias ideas concretas se trata de hacer referencia a una idea abstracta. Por ejemplo, si los momentos de dolor y placer son hechos inmediatos y escuetos, evocables mediante signos, el sufrimiento eludido y el gozo buscado se ubican en el mundo de los valores, representables mediante la alegoría.

En el mito, las cosas no se representan únicamente a sí mismas. También se asocian a algún valor, a algún recuerdo, a algún ser maravilloso del que entran a formar parte. Lo trascendente intuido se hace patente, como presencia total y real, en las cosas evidentes, "duras", como las montañas, los ríos, las casas (sobre todo las más viejas)... Las cosas adquieren un nuevo color y lo real pierde sus linderos: ya no cuentan las clasificaciones ni las taxonomías. Es justo ahí donde el mensaje del mito y el de la ciencia se bifurcan.

 

 

EL SIMBOLO

 

Los fines radicales que se intuyen son representados mediante símbolos: mecanismos expresivos que utiliza la comunicación humana para hacer presentes hechos absolutamente ausentes, desconocidos. Por eso, el filósofo y antropólogo francés Gilbert Durand (1921) califica el pensamiento simbólico como radicalmente indirecto, prueba de acercamiento a lo inasible o irrepresentable; es decir, justamente lo que persigue el mito.

Si el lenguaje mítico busca hablar de un estado de salvación, de un espacio sagrado, desconocido por todos pero dictado por el deseo, el mensaje -dice Durand- echa mano de recuerdos gratos de la vida y asociaciones alrededor de ellos. Así se articula el mundo en el
discurso mítico, y se expresa y comunica la experiencia. Las frases del discurso operan como signos, alegorías o símbolos; pero lo que hace que actúen de esa forma es su relación emotiva con la experiencia, bien sea inmediata o lejana.

 

 

LA ANALOGÍA

 

Tras la alegoría y el símbolo opera una misma mecánica, la analogía: un instrumento para comprender el mundo mediante la comparación de distintos objetos y el descubrimiento de estructuras y relaciones similares entre estos: "Ellos podían ver la llama que lamía con lenguas de fuego su presa, antes de ser devorada"17, escribe Tylor, para mostrar la analogía en acción. El antropólogo inglés considera el pensamiento ana lógico como canal conductor del mito. Mediante las analogías, se descubre que las cosas distintas están integradas a un único orden, pues las similitudes en sus relaciones internas insinúan que comparten la misma naturaleza, posiblemente de carácter mágico. En la magia, la metáfora se desliza de las palabras a los hechos.

 

 

MITOS, LEYENDAS Y CUENTOS POPULARES

 

En este punto nos parece conveniente hacer unas cuantas precisiones sobre la relación entre los mitos, las leyendas y los cuentos populares, pues estas tres modalidades de la tradición oral suelen confundirse con mucha frecuencia, aun por los mismos investigadores.

 

 

LAS LEYENDAS

 

Es corriente -y así lo sostienen varios de los autores que se han ocupado en el estudio del tema- que la leyenda se oponga al mito, aunque, como veremos, en general se nutra de él o de las temáticas que él maneja. Veamos por qué.

En primer lugar, las leyendas son una especie de relato literario, cuya escritura se fundamenta en personajes presuntamente históricos a los que se atribuyen aspectos pertenecientes a relatos míticos anteriores y que han llegado hasta nosotros a través de la tradición oral. La leyenda, entonces, es literatura, un tipo de texto literario elaborado con fines puramente estéticos; es decir, con el propósito de divertir. A diferencia del mito, en la leyenda los valores -como el heroísmo- o los fines radicales -como la muerte- no son esenciales, sino puramente accesorios; no se constituyen en la razón de ser del relato, sino que apenas se muestran como un elemento para embellecerlo o darle plasticidad. Al mismo tiempo, la leyenda aspira a la exaltación de valores ligados a la patria y a la nacionalidad. Además, no es venerable, como sí lo es el mito.

En segundo lugar, en la leyenda se acogen preferentemente elementos provenientes de la propensión natural del hombre hacia lo extraordinario y lo maravilloso, con los cuales se acrecientan el interés del hecho escueto -como el descubrimiento y la conquista de América- y la valía O las hazañas del personaje -como se hizo con los conquistadores españoles durante los azarosos primeros años de "existencia" del nuevo continente-. Así, el héroe de carne y hueso, como Orellana, deberá estar acompañado de personajes fantásticos, fruto de la imaginación de los hombres -gigantes o mujeres guerreras, por ejemplo-, para que la historia de su gesta, el descubrimiento del río Amazonas, tenga visos de dramatismo que, acaso, le permitirán un mayor reconocimiento de sus contemporáneos. En otros contextos, la actividad del héroe va acompañada de personajes fantásticos como elfos, hadas y dragones, o de viajes al mundo de los muertos, como el del rey Arturo, quien llegó hasta allí en busca del Santo Grial.

Por último, digamos que las leyendas, aunque comportan una base real, aparentemente histórica, son ficciones, mientras que los mitos siempre son percibidos por la comunidad como algo verdadero, que tuvo ocurrencia en otro tiempo y que se actualiza cada vez que se cuenta la historia. Esto no ocurre con la leyenda.

 

 

Los CUENTOS POPULARES

 

Al igual que las leyendas, los cuentos populares son un tipo particular de relato que acude, en muchas ocasiones, a elementos sobrenaturales propios del mito, confines puramente estéticos y de entretenimiento. Son historias de -Acción (lo que los diferencia de las leyendas, que siempre tienen una base histórica) que hacen parte de la tradición oral de los pueblos y, por lo mismo, no se refieren a las incógnitas radicales de la existencia humana, como sí lo hace el mito. Los cuentos populares están más bien ligados al conflicto y a ciertos problemas que, aunque relevantes para la vida en sociedad, no tienen el carácter radical de las cuestiones básicas de que se ocupan los mitos, así eventualmente compartan con estos un mensaje de carácter ejemplarizante.

Por último hay que decir que los cuentos populares, en esencia, son anónimos y pasan de boca en boca, de generación en generación, a través de la tradición oral. En esa medida no constituyen literatura propiamente dicha, como sí los cuentos de hadas, creación de la literatura romántica del siglo XIX, desde luego con respaldo en la tradición oral. Como ejemplos de este tipo de cuentos tenemos, para el caso colombiano, las historias de Tío Tigre, de Tío Conejo y de Juan sin Miedo, entre otros.

 

 

MITO Y MITOLOGÍA

 

Cuando un mito, cualquiera que sea, se aúna con otros en un solo cuerpo, hablamos de mitología. Podemos decir entonces que la mitología es el conjunto sistemático, coherente y articulado de todos los mitos de una cultura. Así, por ejemplo, hablamos de mitología griega, mitología romana o mitología mestiza colombiana.

 

 

CLASIFICACIÓN DE LOS MITOS

 

Pese a que el mito es uno solo, se presentan pequeñas divergencias entre unos mitos y otros. A partir de ellas podemos establecer criterios de clasificación que nos permiten entender las diversas formas que el mito adopta, de acuerdo con su origen cultural y su sentido, así como sus diferencias con las falacias.

Es preciso aclarar que los diversos tipos de mitos no son excluyentes: la existencia de una determinada modalidad en cierto grupo social no descarta necesariamente otras. Por ejemplo: entre los u'was o tunebos, comunidad indígena del nororiente de Colombia, existen mitos etiológicos (la creación del agua); escatológicos (con la muerte de los tunebos "la Tierra se caerá y también morirán los blancos") y cosmogónicos (el origen de la Tierra por intervención de Bistoá). Lo mismo ocurre en las demás culturas, con excepción de las laicas o seculares.

 

 

SEGÚN SU ORIGEN CULTURAL

 

Todas las culturas, excepto las seculares o laicas, tienen mitos; pero como ellas presentan algunas diferencias, debidas a su grado de evolución, las formas míticas que poseen no son idénticas. De acuerdo con las investigaciones históricas y sociológicas, esas distinciones obedecen, entre otros factores, a la tecnología disponible y sus aplicaciones al entorno, la mayor o menor primacía de la oralidad sobre la escritura y el grado de sacralidad o religiosidad de su modo de ver el mundo. Así, podemos hablar de culturas primitivas, arcaicas y clásicas. Cabe señalar que para los propósitos del presente trabajo, dichos modelos culturales son, al menos teóricamente, puros, ajenos a toda influencia externa y a todo sincretismo.

Las culturas primitivas o tribales son aquellas en las que la condición fundamental del lenguaje es la oralidad; se trata de grupos humanos que desconocen totalmente la escritura. Las culturas orales primarias, como las denomina Walter Ong, carecen de arquitectura y de metalurgia, emplean técnicas rudimentarias y poseen una incipiente organización política y una marcada religiosidad que abarca sus prácticas cotidianas y sus representaciones colectivas. Así, por ejemplo, las sociedades paleolíticas, las neolíticas y algunas comunidades indígenas contemporáneas, entre las que podemos citar a los nukak makú del Guaviare colombiano.

Las culturas arcaicas se caracterizan porque en la mayoría ya ha aparecido la escritura, se presentan importantes logros en la arquitectura, se conoce y se aplica la metalurgia a la producción de instrumentos de trabajo, y la organización política se complejiza, debido a la aparición de la burocracia en la administración de los asuntos públicos. La China y el Egipto de las primeras dinastías, así como la India histórica, son una muestra de este estadio de desarrollo cultural. En América, podemos considerar arcaicas las culturas maya, azteca e inca.

Finalmente, nos encontramos con las culturas clásicas, en las cuales los procesos iniciados en la época arcaica han alcanzado su máximo grado de madurez o desarrollo, tanto en materia política como arquitectónica, técnica, artística y metalúrgica. Se destaca el perfeccionamiento de la escritura, que permitió efectuar avances importantes en la filosofía, la ciencia (matemáticas, física, geometría), la historia y la literatura. Grecia y Roma son las culturas clásicas por excelencia.

 

 

MITOS INDIGENAS O TRIBALES

 

Los mitos de los pueblos indígenas reflejan el asombro del individuo ante el mundo natural y ante sí mismo, como también ante esa sobrenaturaleza que intuye y que, para él, se encuentra en todo el cosmos: la naturaleza y la cultura están tocadas por una especie de magia y, por ello, se las considera una hierofanía o revelación de un misterio. En general, los mitos de estas culturas explican el origen del mundo, del hombre, de los fenómenos naturales, de la muerte y de las instituciones sociales. Son comunes los relatos míticos sobre héroes civilizadores -el Bochica de los muiscas, por ejemplo- y sobre la destrucción y regeneración de la humanidad -como las diversas estirpes humanas que fueron destruidas por no alabar a los dioses, según narra el Popol Vuh-, al igual que las representaciones de la serpiente, asociada generalmente con la fecundidad, la abundancia y el cuidado de las aguas, y de los cuerpos celestes, relacionados con valores simbólicos.
En conclusión, los mitos del estadio tribal plantean y resuelven los problemas sobre el origen y la conservación de la vida y regulan las relaciones entre los hombres y los dioses.

 

 

MITOS ARCAICOS

 

En las sociedades arcaicas, aunque se conservan las etiologías, comunes a las culturas sacrales de todos los tiempos, son característicos los mitos sobre el fin del mundo; sobre la superación de una condición humana amenazada o deficiente, gracias a la intervención de un héroe o del hombre mismo; y sobre la introducción de una serie de elementos simbólicos relacionados con la metalurgia, que eventualmente se asocian a las potencias subterráneas, demoníacas: los dones de los dioses ya no proceden exclusivamente de los cielos; también pueden venir de la misma tierra, como el bronce y el hierro.

En general, la temática central de estos mitos es la hierogamía o matrimonio entre la madre Tierra y el dios Toro, el dios Serpiente o el dios Dragón. Sus principales personajes son deidades masculinas y femeninas, así como semidioses y héroes mágicos, que se consolidarán en las mitologías clásicas de Grecia y Roma. En la mitología arcaica se destaca el surgimiento de los primeros panteones.

 

 

MITOS CLÁSICOS

 

Los mitos ocuparon un lugar esencial en el desarrollo de los pueblos de Grecia y Roma. Aunque el mundo clásico representó el punto culminante de la antigüedad en materia de artes, ciencias, historia, literatura y filosofía, su visión del mundo estaba centrada en un complejo universo mítico que comprendía tanto los mitos populares, surgidos de la tradición oral, como los mitos sabios o cultos, emanados de la mente de creadores (Hornero y Hesíodo en Grecia, Virgilio en Roma). Estos recogieron los relatos tradicionales y los convirtieron en formas literarias que, como la epopeya, han llegado hasta nuestros días.

En lo sustancial, los mitos clásicos no difieren mucho de los indígenas y los arcaicos; pero se nota en ellos, como novedad, una marcada influencia de la escritura, la aparición de una función catártica y la consolidación de la visión escatológica (del fin del mundo) y de los panteones que ya se esbozaban en los mitos arcaicos. Además, los personajes míticos son semejantes al hombre, tanto en su aspecto físico como en el psicológico, pues comparten con él vicios y virtudes, con la diferencia de que son inmortales. Otro aspecto importante de estos mitos es el perfeccionamiento de los relatos cuyos personajes centrales son héroes o semidioses, como Heracles (o Hércules) y Jasón.

Es necesario señalar que buena parte de la mitología romana fue una apropiación más o menos libre de la mitología griega, como consecuencia de la expansión conquistadora de Roma. El panteón griego fue enriquecido con los dioses familiares romanos o deidades del hogar, como los lares y los penates -que recuerdan el culto primitivo a los ancestros- y con los lémures, genios maléficos que perturbaban la tranquilidad de los súbditos de Etruria y Roma.

 

 

M ITOS CRISTIANOS y NO CRISTIANOS

 

Hablábamos, al referimos a los estadios culturales, de culturas "puras", ajenas a todo sincretismo; sin embargo, difícilmente podríamos encontrar alguna que no haya recibido influencias de otras. Por ejemplo: hace varios siglos, entre las sociedades que se desarrollaron en la cuenca del Mediterráneo y en el Cercano Oriente tuvo lugar un intercambio cultural sin precedentes, del cual surgieron lo que tratadistas como Cencillo denominan culturas mixtas22. Entre ellas podemos mencionar la cultura islámica, la alejandrina y la cristiana.

La cultura hispanoamericana, a la cual pertenece la de nuestro país, puede considerarse mixta y, más propiamente, mestiza, en la medida en que es el resultado del choque de tres culturas: la hispana (que ya era mixta), la africana y la indígena, cada una de las cuales aportó elementos a la construcción de un imaginario común. Así nacieron los mitos campesinos colombianos, que nosotros llamamos mestizos.

En este marco los mitos tienen una marcada tendencia hacia lo místico y lo esotérico, sustentada en la incorporación de elementos procedentes de tradiciones místicas y herméticas egipcias e iranias, entre otras. Los temas míticos ya no se articulan en grandes y complejos relatos, sino que se expresan a través de símbolos, como en la espiritualidad de los alquimistas y en el Corpus Hermeticum; o, como en el Nuevo Testamento, adquieren un sentido moral y un valor místico múltiple. Así, por ejemplo, las parábolas evangélicas y los simbolismos del cáliz, del arca y de la cruz, en la tradición mitológica cristiana, y el sello de Salomón, en la judía.

Los mitos campesinos colombianos, al igual que los demás de la América hispana, hacen parte de los mitos mixtos de origen cristiano, pues, en general, acogen símbolos procedentes del cristianismo, de las culturas americanas nativas y de las tradiciones africanas traídas por los esclavos. La mayoría de estos mitos tienden a orientar la conducta moral del individuo hacia el bien (elemento cristiano) a través del ejemplo: quien viola la ley recibe un castigo. Los personajes míticos poseen atributos e inclusive denominaciones propias de la mitología aborigen (El Muan, por ejemplo), como veremos más adelante.

 

 

SEGÚN SU CONTENIDO

 

MITOS DE DRIGEN

 

Estos mitos revisten especial importancia para los procesos de conocimiento de todos los pueblos, en la medida en que, a través de ellos, comprenden la razón de ser de sus dioses, del mundo, del hombre y de los objetos; es decir, entienden el porqué de todas las cosas.
Desde este punto de vista, los mitos pueden ser teogónicos, cosmogónicos, etiológicos y antropológicos.

 

 

MITOS TEOGÓNICOS

 

Estos mitos tienen como objetivo explicar el origen de los dioses (de dónde proceden, cuál es su historia); al mismo tiempo, revelan "los contenidos sacrales de las realidades últimas"23, como la muerte y la vida eterna. En últimas, representan de manera clara e inequívoca el sentido del cosmos y la vida misma, mediante la descripci6n de la naturaleza de los dioses o de la estructura de los panteones. Un buen ejemplo de esta clase de mitos es la Teogonía de Hesíodo (siglo VII a.c.), que empieza más o menos así: "Al principio de todo, Caos cobró vida. Después de Caos aparecieron Gea o Ge (la Tierra), Tártaro (el infierno), Eras (el deseo), Erebo (las tinieblas de la Tierra)..."

 

 

MITOS COSMOGÓNICOS

 

El ser humano ha explicado el origen del mundo de diferentes maneras: científicas, literarias, míticas, religiosas... Desde el punto de vista mítico, el mundo existe porque ha sido creado por uno o varios dioses, ya en un solo acto creador, como narran los mitos de los indígenas norteamericanos, ya en varios, como creían los mayas y los aztecas.

 

 

MITOS ETIOLÓGICOS

 

Aunque también son mitos de origen, no se refieren a aspectos esenciales de la vida religiosa de las comunidades ni a los fines del mundo, sino al porqué de algunas instituciones -el matrimonio, las herramientas, las prácticas sociales, por ejemplo- que se consideran fundamentales para la vida en comunidad. A partir de un hecho ocurrido en un pasado remoto, los mitos etiológicos permiten comprender el presente y anticipar, en cierta forma, lo que será el futuro.

Los mitos sobre la procedencia de la humanidad se cuentan entre los más conocidos de los mitos etiológicos, y hacen parte de la mitología de todos los pueblos. Entre nosotros es muy conocido el de Bachué y su hijo, que conformaron la pareja original de la cual habría de surgir el pueblo muisca.

 

 

MITOS ESCATOLÓGICOS

 

Estos mitos son propios de las culturas arcaicas y clásicas, aunque sus antecedentes pueden encontrarse en la mitología indígena o tribal. Se refieren al fin del mundo, ya por la vía del agua, ya por la del fuego, ya por cualquier catástrofe de proporciones devastadoras provocada por los dioses para castigar a los hombres que los han desobedecido. Así, por ejemplo, el diluvio universal, de que trata el libro del Génesis en el Antiguo Testamento.

 

 

MITOS MORALES

 

La función principal de los mitos morales o jurídicos es fijar las reglas de comportamiento de la comunidad. En el plano moral, por lo común estas se plantean en términos de la lucha entre el bien y el mal.

 

 

 

REGRESAR A MITOS Y LEYENDAS >>>